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¿Puede la radio sobrevivir en la era de los coches autónomos?

¿Puede la radio sobrevivir en la era de los coches autónomos?

Todavía faltan años para que nuestras autopistas y carreteras se llenen de vehículos autónomos. Pero su potencial ya abruma a distintas industrias: seguros de automóvil, transportistas, fabricantes, y, por qué no, a la industria de la radio.

Piénsalo. Con la tecnología de los vehículos autónomos, el asiento delantero se vuelve, a efectos prácticos, igual al trasero. Y en el asiento de atrás los pasajeros no tienen que mantener ni la vista en la carretera  ni las manos en el volante ni la mente alerta. En un coche autónomo, cualquiera de las personas en cualquiera de los asientos tendrá un amplio abanico de opciones  para entretenerse.

En la actualidad, la amenaza más seria para el consumo de radio en el coche es el streaming más que el vehículo autónomo. Según el Global Entertainment & Media Outlook 2016-20 elaborado por PwC, la música en streaming se está llevando una parte cada vez mayor de los ingresos de la música grabada. Además, estamos siendo testigos de un éxodo del talento: muchos profesionales de la radio tradicional, curtidos en la elaboración y presentación de programas de música en directo, se están marchando a plataformas de música en streaming como Spotify, Apple Music y Deezer, donde crean listas para diferentes estados de ánimo o presentan eventos, y los transmiten en plataformas mundiales, con mucho mayor alcance que una radio regional o nacional.

Al mismo tiempo, la posibilidad de usar los dispositivos móviles para acceder y consumir audio está generando un boom en el contenido de audio hablado, sobre todo podcasts y audiobooks,  que también funcionan como alternativas o sustitutos de la radio tradicional.

La industria radiofónica está mejor posicionada de lo que se piensa para proveer contenidos de entretenimiento en los traslados pero debe repensar sus modelos de negocio.

Dado que la incursión del streaming ya es una realidad, puede que las compañías de radio crean todavía no es el momento de afrontar los futuros riesgos del vehículo autónomo. Pero no trazar un plan sería un error. Sin tener que conducir, la mayor parte de los pasajeros apostarán por una experiencia más inmersiva que la radio o el streaming para su viaje. Es probable que se cambien al contenido de vídeo o a la realidad virtual,  trabajen en sus ordenadores portátiles o jueguen en sus móviles.

Algunos expertos han llegado a decir, incluso, que los coches autónomos van a firmar el certificado de defunción de la radio. Pero la realidad es mucho más compleja. Aunque estos vehículos puedan parecer una seria amenaza para las compañías radiofónicas, también pueden convertirse en el catalizador de un cambio muy necesario y que pasa por desarrollar negocios y contenidos de entretenimiento para una amplia variedad de canales de distribución, tanto tradicionales como nuevos.

Resulta importante entender que a los vehículos autónomos todavía les queda un largo camino por recorrer. En Estados Unidos, por ejemplo, la mayor parte de los coches tiene once años y medio de antigüedad. Aunque los coches autónomos entren en el mercado en grandes cantidades, la base de automóviles convencionales tardará por lo menos otra década en desaparecer. Los coches sin conductor crecerán más rápidamente en las zonas urbanas, mientras que la mayoría de los consumidores que residen fuera de las grandes ciudades –y que recorren largas distancias en sus automóviles –continuarán conduciendo y escuchando la radio durante mucho tiempo.

En el resto del mundo el panorama estará aún más fragmentado. Escuchar la radio durante un viaje es un fenómeno principalmente estadounidense. Y no está tan generalizado en las ciudades europeas, y menos en aquellas potentes con redes de transporte público (tren, metro…) En una gran parte de África, dada la falta de las infraestructuras inalámbricas de banda ancha necesarias para el streaming, los dispositivos móviles suelen venderse con receptores de radio FM incorporados. Otras limitaciones logísticas similares van a contribuir al mantenimiento de la radio tradicional, incluso en los coches.

Pero a medida en que se preparan para la llegada de los autónomos, las compañías de radio deberían empezar a transformar sus modelos de negocio para sacar partido del crecimiento del consumo en plataformas móviles. Al mismo tiempo, tienen que seguir apoyando y generando ingresos de la audiencia heredada de la radio tradicional que – aunque esté menguando progresivamente –seguirá con nosotros algunos años más.

La creciente variedad de formatos de audio ofrece oportunidades a las radios para seguir capitalizando sus principales fortalezas, aunque los vehículos autónomos se multipliquen y los streamers sigan creciendo.

En este contexto, la industria de la radio tiene varias opciones:

  • Dirigirse a los mercados emergentes, aprovechando sus competencias para ofrecer experiencias y formatos radiofónicos atractivos y de calidad a los consumidores locales.
  • Contraatacar a los streamers en su propio territorio, sacando partido de su habilidad para elaborar playlists.
  • Apostar por una mayor diferenciación gracias a su capacidad para distribuir contenido y publicidad local. .
  • Atraer a las grandes audiencias desarrollando nuevos espacios con sus presentadores y locutores estrella. Estos pueden actuar como productores musicales y promotores para monetizar a sus audiencias en otros medios, con un mayor foco en la tecnología móvil. (Un buen ejemplo puede ser el de los gamers, que generan ingresos en sus canales de YouTube y Twitch comentando sus habilidades).

Mientras se enfrentan a los retos planteados por los vehículos autónomos y otras tecnologías disruptivas, las compañías radiofónicas deben darse cuenta de que parten de una posición de fuerza. Cada día vemos viajeros abstraídos en sus teléfonos móviles durante los veinte minutos de trayecto en tren al trabajo. Seguramente, alguien que esté realizando recorridos más largos en un coche autónomo elegirá una película u otros contenidos antes que escuchar una lista de reproducción. Pero los que recorran trayectos cortos –que incluyen una parte andando, en bicicleta o cambiar del tren al autobús– no son susceptibles de una inmersión prolongada. En las grandes ciudades, donde este perfil es bastante común, los audios cortos y accesibles desde dispositivos móviles –un podcast, un capítulo del último audiolibro, un resumen de las novedades deportivas– parecen la opción más convincente. Y las compañías de radio tienen la capacidad de crear, producir y distribuir este contenido.

Puede que, como decía la canción, video killed the radio star. Pero, de momento, no hay motivos para esperar que los vehículos autónomos acaben con la industria radiofónica.  

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