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Ocho películas que nos enseñan a hacer negocios (y que puedes ver estas Navidades)

Ocho películas que nos enseñan a hacer negocios (y que puedes ver estas Navidades)

El año se termina, llega Navidad y quizás es el momento de hacer una pausa en este mundo de vértigo en el que vivimos para mirar al frente y saber hacia dónde nos dirigimos profesionalmente. Para ayudar en esa reflexión, hemos preparado una selección de películas recientes (y alguna antigua) que combinan entretenimiento y trabajo y nos ofrecen enseñanzas aplicables al mundo de los negocios.

Coco. Una deliciosa película de animación de Pixar que nos transporta a la mitología azteca del mundo de los muertos. Miguel es un chamaco de una familia de artesanos del calzado que quiere ser músico, pero que tropieza con la dura oposición de sus mayores. Para cumplir su sueño, Miguel tiene que viajar al mundo de los muertos y desentrañar un antiguo misterio familiar. La película esconde lecciones relacionadas con el emprendimiento y las empresas (la importancia de la tenacidad en la persecución de los sueños, la ética del trabajo, el liderazgo, la propiedad intelectual…), pero quizás la enseñanza más sugestiva es la que hace referencia a la cultura de la empresa. El negocio de la familia prospera gracias a reglas muy estrictas de comportamiento y de división del trabajo en las que el temperamento artístico del chico no encaja. Finalmente, sin embargo, las piezas se ordenan, y la heterodoxia de Miguel se reconcilia con la tradición familiar. La cultura de la empresa, nos viene a decir la historia, es muy importante, pero debe ser lo suficientemente flexible para poder encauzar los comportamientos individuales.

La librería. Otra pequeña joya de la cartelera. Cuenta la historia de una joven viuda que cumple su sueño de abrir una librería en un pequeño pueblo de la costa inglesa. La joven pone todo su empeño, sus ahorros y su sentido común en el proyecto, pero finalmente sucumbe a las presiones de la oligarquía local (la siniestra aristócrata que mangonea la vida del pueblo, el banquero, el abogado, hasta un venal corresponsal de la BBC) y tiene que abandonar. La escena final nos trasmite algo de esperanza: su proyecto no ha sido en vano. Es un buen desenlace para cualquier emprendedor que no haya podido sacar adelante un proyecto. La experiencia siempre sirve y el aparente fracaso es la antesala del éxito futuro.

Dunkerque, ‘Churchill y ‘El instante más oscuro. Son tres películas distintas con un único y sensacional protagonista: Winston Churchill. Dunkerque y El instante más oscuro se sitúan en la misma época (1940, el principio de la Segunda Guerra Mundial) y nos presentan la figura de un gran líder emergente que frente a las dudas de muchos de sus compatriotas conduce a su país hacia la victoria. Churchill, en cambio, se adentra en los días previos al desembarco de Normandía (1944), y en ella encontramos a un Churchill avejentado, desgastado por la guerra, atormentado por experiencias pasadas y que se opone hasta el final a la operación que acabó por decidir la suerte de la guerra. Vistos en su conjunto, los tres films son un curso intensivo de liderazgo. En ellos queda claro que la pasividad no es una opción estratégica y se aprecia la importancia de valores como el trabajo en equipo, el esfuerzo, la asunción de responsabilidades, la agilidad en la toma de decisiones, la determinación ante situaciones críticas, la visión de un futuro mejor… El discurso del primer ministro ante al Parlamento británico con el que acaba Dunkerque (“…lucharemos en las playas, lucharemos tierra adentro, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas; nunca nos rendiremos…”) forma parte de la historia más brillante de la oratoria mundial.

Sully. Esta cinta, que se estrenó a finales de 2016, es un compendio de valores de interés para cualquier directivo. Cuenta la historia, verídica y bien conocida, de Chesley Sullenberger (Sully), un veterano piloto de avión que tiene un problema con una bandada de pájaros nada más despegar de Nueva York, se queda sin motores y decide en una maniobra arriesgadísima aterrizar sobre la aguas del río Hudson con 155 personas a bordo. El personaje del comandante Sully (Tom Hanks) nos enseña que hay que ser flexibles y estar preparado para todo (“Nunca hay precedentes hasta que ocurre la primera vez”, dice irónicamente en un momento de la película), nos demuestra la importancia de hacer bien las cosas y combina la ejemplaridad (se pone al frente de todas las operaciones) con el reconocimiento de la labor de los demás.

Wall Street. Un clásico contemporáneo del mundo de las finanzas. Estrenada en 1987, esta película nos traslada a la ferozmente competitiva Nueva York de los años ochenta, cuando los tiburones financieros de la época hacían estragos en el statu quo empresarial a golpe de opas. El discurso que pronuncia el protagonista (Michael Douglas) ante la junta de accionistas de la empresa que pretende comprar es todavía recordado en muchos foros académicos como un modelo de presentación, persuasión y argumentación (con la célebre cita de “la avaricia es buena”). Al final, por supuesto, ganan los buenos (el agente de bolsa que encarna Charlie Sheen) y el capitalismo queda a salvo de los excesos de los capitalistas.  

Ciudadano Kane. Es una de las grandes películas de la historia del cine y probablemente la mejor jamás filmada sobre la construcción de un imperio empresarial. Estrenada en 1941, narra la trayectoria de un magnate de los medios de comunicación, (aparente trasunto de Hearts, el creador del periodismo amarillo en Estados Unidos) que no repara en medios para conseguir lo que se propone (“no es malo hacer mucho dinero si tu verdadero objetivo en la vida es hacer mucho dinero”, dice en uno de sus diálogos). Charles Foster Kane (Orson Welles) nos enseña que la despiadada persecución de la riqueza y del poder suele cobrarse un alto precio en términos de felicidad personal, como demuestra en su lecho de muerte al recordar la inocencia de su infancia. Todavía muy vigente.

Ocho propuestas interesantes para pasarlo bien y al mismo tiempo crecer como profesionales. ¡Feliz Navidad!

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