¿Estamos en la antesala de un crunch petrolífero?

Después de varios años de sobrecapacidad, la industria del petróleo y del gas podría estar entrando en un periodo de escasez -en inglés, crunch- de suministro. Ahora mismo, en un momento en el que la producción de petróleo crece rápidamente y donde a lo largo y ancho del sector se ha instalado un ambiente de optimismo, quizás no sea fácil hacerse a la idea.

Podemos decir que, en general, nos encontramos en mejor situación de en la que estábamos  hace doce meses: el precio del barril de petróleo ha rebotado y después de mucho tiempo moviéndose entre los 40 y 50 dólares/barril, el brent se ha situado por encima de los 70 dólares.  La industria se está recuperando de unos últimos años marcados por la debilidad de los precios, la disciplina financiera, la reestructuración de las carteras de productos de las compañías y por la puesta en marcha de medidas para la mejora de la eficiencia.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ya viene avisando desde 2016 de la posibilidad de entrar en una situación de escasez de suministro. Recientemente, los CEO de Total, Eni y de la compañía saudí Aramco han alertado de que este escenario podría ser real al final de esta década. ¿Cuáles son las causas de este escasez de suministros? ¿Qué deben hacer las compañías? Strategy&, la consultora estratégica de PwC, acaba de hacer público su informe Oil and Gas Trends 2018-19, donde analiza cuáles son la causas van a provocar  escasez de suministro y qué medidas se pueden tomar desde el sector. A continuación resumimos algunas:

  • Escasez de nuevos yacimientos. A finales de 2017, el número de nuevos yacimientos de petróleo y gas se situaba en los niveles más bajos desde principio de la década de los cincuenta. Si lo ponemos en perspectiva, el año pasado se descubrió el equivalente a 3.500 millones de barriles, suficientes solo para cubrir el diez por ciento de la demanda. Las razones de esta caída son muy sencillas: cada vez es más difícil dar con grandes yacimientos y ya se han cubierto la mayoría de zonas de prospección.
  • Caída de la inversión en prospección. Desde el colapso de los precios del 2014-16 hemos visto cómo la inversión en prospecciones en el mundo ha caído sensiblemente -más del 60%, desde los 153.000 millones de dólares que se emplearon en 2014, hasta los 58.000 de 2017-. Y las previsiones en el corto plazo apunta a un crecimiento modesto, en el entorno del 7%.
    • Como consecuencia de estos dos desafíos, nos encontramos ante lo que la Agencia Internacional de la Energía ha denominado como un mercado del petróleo de dos velocidades -en inglés, a two-speed oil market-. Aunque en EEUU las nuevas producciones de shale oil y tight oil son muy dinámicas, se antojan insuficientes para suplir las fuentes de petróleo y gas más convencionales.
  • Interrupción y caída del suministro. En los yacimientos petrolíferos actuales, la producción es cada vez menor y cae a una media del 4% anual. Además, en algunos países, las circunstancias geopolíticas está provocando también una caída de la producción. Un buen ejemplo es Venezuela, donde la situación del país se traduce, en la actualidad, en un descenso de la producción de petróleo del 40% respecto al año 2015. En Libia estamos hablando de 990.000 barriles diarios, muy lejos del millón y medio de barriles que se producían en 2012.
  • Falta de mantenimiento de las infraestructuras. Algunos operadores, como consecuencia de la necesidades de reducción de costes de los últimos años, ha reducido sus partidas de mantenimiento en las partidas menos críticas. Recientemente, el cierre provocado en una grieta en uno de los oleoductos claves del Mar del Norte -conocido como Forties- ha puesto de manifiesto los desafíos que presentan instalaciones como esta, de más de 40 años de antigüedad y con una vida útil, cuando se diseñó, de entorno a los 25 años
  • Pérdida de talento. Los operadores está viviendo una situación paradójica: necesitan ampliar sus capacidades pero, a la vez, se encuentran con menos capacidades que nunca como consecuencias de las reducciones de plantilla efectuadas en los últimos años. Esta situación está afectando, además, a la capacidad del sector para atraer talento.

Para afrontar las incertidumbre que plante un potencial futuro de escasez de petróleo y de gas -en un entorno de transición energética-, el documento propone una serie de medidas que pasan por continuar con la disciplina financiera y la mejora de la eficiencia, reforzar las inversiones en mantenimiento de los activos y las infraestructuras y redoblar la apuesta por las nuevas tecnologías digitales, entre otras cuestiones.

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