El sismógrafo de la sostenibilidad: el calor pone en riesgo las perspectivas de la industria turística en España

La sostenibilidad es uno de los grandes desafíos del mundo de los negocios de hoy. La creciente importancia de los criterios medioambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) obliga a las empresas a reconsiderar sus estrategias. En este caso se trata del sector turístico, clave en la economía española, que podría verse perjudicado por las cada vez más frecuentes olas de calor y la subida de la temperatura media en verano. Desde el sector se habla de los primeros síntomas de recelo de los turistas a acudir al Mediterráneo cuando se vive, por segunda vez consecutiva, un estío sofocante con noches demasiado cálidas. Los países del norte de Europa empiezan a resultar atractivos y eso puede ser un problema.

Para detectar el impacto de estos movimientos en las empresas, cada quince días publicamos El sismógrafo de la sostenibilidad, una serie en la que ofrecemos una compilación de informaciones y análisis relacionados con la sostenibilidad.

TURISMO

Las temperaturas extremas por el cambio climático, impone cambios en el sector turístico español
La capital del Alt Empordà, Figueres, una zona de alto valor turístico, alcanzó el 20 de julio 45 grados, la temperatura más alta jamás registrada en Cataluña. Algunos turistas declararon que “era como respirar directamente de un secador de pelo”.

Este tipo de experiencias, fruto de los episodios extremos de calor cada vez más frecuentes, más intensos y más prolongados, amenazan uno de los principales sectores económicos de España: el turismo. Este sector representa más del 10% del PIB, pero junto con la agricultura, también afectada por este problema, supone el 20% del crecimiento económico y de la creación de empleo.

Según datos de la Comisión Europea de Viajes (CET), el número de personas que esperan viajar a la región mediterránea de junio a noviembre ya ha descendido un 10% en comparación con el año pasado. “La gente está esperando hasta el último momento para ver ya no donde va a llover, sino donde esas temperaturas extremas van a llegar para poder adaptarse”, admite Miguel Mirones, presidente del Instituto para la Calidad Turística Española.

Los expertos admiten que uno de los temas que más quejas levanta entre los turistas, al igual que entre la población más vulnerable, es el fuerte calor durante las noches, lo que se denomina noches tropicales porque impiden descansar y seguir con las actividades habituales al día siguiente. También este verano los incendios han sido protagonistas en importantes islas griegas, que han obligado al desalojo de miles de turistas. El cambio climático y los efectos de El Niño, el calentamiento del Pacífico oriental, están detrás de estos problemas.

“Empieza a haber una tendencia de que los viajeros europeos busquen en verano alternativas a los países mediterráneos del sur que, sin embargo, siguen siendo los destinos preferidos”, explicó a El País Eduardo Santander, director de la Comisión Europea de Viajes. Los turistas eligen tradicionalmente el sur de Europa por el sol y las buenas temperaturas, pero en el último índice de percepción climática, los visitantes de Grecia, España y Francia mostraron su insatisfacción por un calor que superó todas sus expectativas,  informa Euronews.

“Se empiezan a beneficiar otros destinos más frescos que tradicionalmente no han sido los más elegidos durante el verano, como Irlanda, Dinamarca, Bulgaria… Eso no quiere decir que la gente no vaya a viajar a España, Italia o Grecia, pero sí que se empiezan a plantear otros destinos por motivos climáticos”, apunta Santander.

El fenómeno empieza a ser una realidad. Según la plataforma eDreams Odigeo se ha registrado un gran incremento en las búsquedas de viajes desde España hacia países del norte de Europa, con climas más suaves. Las búsquedas de viajes al Reino Unido crecen un 75%, las de Dinamarca un 95% y las de Suecia un 45%. Irlanda rompe todos los récords con un incremento de las búsquedas de un 2.800% coincidiendo con la ola de calor. Estas tendencias también se han dado en Grecia, Italia y Francia tras vivir olas de calor, apuntó Forbes.

En abril se vivieron oleadas de calor que se dan una vez cada 200 años. La segunda ola de calor, con temperaturas de hasta 44ºC en julio, ha vuelto a alarmar al sector.  La agencia de calificación de riesgo de crédito Moody’s ha advertido de que las olas de calor amenazan el atractivo turístico de España. España, además, sufrirá un aumento de la presión sobre los precios y las cuentas públicas o una mayor volatilidad de los precios de la energía, añade Moody’s Investors Service.

“Si bien los costes económicos y fiscales siguen siendo manejables a corto plazo, el aumento previsto en el número, la intensidad y la duración de los fenómenos climáticos extremos en los próximos años tendrá efectos crediticios negativos a más largo plazo”, advierte la calificadora de riesgos, según Europa Press.

Moody’s recuerda que si bien la agricultura no juega un papel de gran relevancia en las economías de Italia, Croacia, Grecia o España, es probable que la actual ola de calor podría llegar a afectar a los precios de los alimentos y al turismo.

En este sentido, destaca que los países citados son importantes proveedores de aceitunas, uvas, cereales y frutas, y los déficits de producción presionarán los precios de los alimentos, recordando que, en 2022, las altas temperaturas redujeron la cosecha de cereales de la UE en un 10,2% en relación con los últimos cinco años.

Por otro lado, Moody’s apunta que las condiciones climáticas cálidas y secas también afectarán a los países del norte de Europa, donde las cadenas de suministro se ven afectadas por la bajada del caudal en las principales rutas de transporte fluvial, lo que ha impulsado al alza los costes de transporte a través del Rin y causando una caída del tráfico.

Los expertos auguran cambios en la forma de hacer turismo, con menos viajes en verano, más visitas a la naturaleza alejada de las urbes y más suministro de agua a los turistas en las ciudades.

BATERÍAS

El almacenamiento es la clave de la descarbonización del transporte
La mejora de las baterías es un factor clave para que muchos potenciales compradores de vehículos eléctricos se decidan a adquirirlos. Pero hay mucho más en juego que el futuro del coche eléctrico porque el almacenamiento de energía será lo que, a largo plazo, convierta a las fuentes solares y eólicas en un gran alternativa al gas cuando no haya sol ni viento. Europa no puede perder tiempo porque EE.UU. y China van por delante en esta carrera.

En este sentido, es relevante la llegada de la checa Tesla Group, que no tiene nada que ver con el fabricante de coches, y que ha entrado en el mercado español para suministrar hasta 1 GWh de sistemas de almacenamiento de energía en baterías y desarrollar 500 MW de proyectos solares híbridos. Otra empresa extranjera, la eslovaca InoBat, ha anunciado que invertirá 3.000 millones de euros en una planta de baterías y un centro de I+D en España, informó Expansión.

Hay una gran diferencia entre ambas; Tesla no va a fabricar baterías para el vehículo eléctrico sino que apuesta “por ofrecer un enfoque diferencial al segmento de la energía renovable, con plantas generadoras que vayan acompañadas de grandes instalaciones de almacenamiento”, según declaró Dusan Lichardus, CEO y accionista de Tesla Group.

El almacenamiento acumulado de energía alcanzará los 2.850 GWh en 2040 a nivel global, según Energy Storage Outlook. Y se prevé que el mercado mundial de almacenamiento de energía por baterías crezca a un ritmo de dos dígitos a finales de esta década. Hace sólo cuatro meses, la Comisión Europea publicó una recomendación sobre el almacenamiento de energía en la que decía que puede “desempeñar un papel crucial en la descarbonización del sistema energético”. Y añadía que “un sistema energético descarbonizado requerirá una inversión significativa en capacidad de almacenamiento de todo tipo”. Sin embargo, las subvenciones de Washington a las fábricas de baterías son un competidor muy fuerte.

MEDIO AMBIENTE

España, el segundo gran bosque de Europa, en riesgo de desertificación
España es el segundo país de la Unión Europea (UE), solo por detrás de Suecia, con alrededor de 28 millones de hectáreas de superficie forestal, lo que supone más de la mitad de todo el territorio nacional y, sin embargo, el 75% se encuentra en riesgo de desertificación, según informó Efe.

El director del Centro de Investigaciones sobre Desertificación adscrito al CSIC, Patricio García-Fayos, explicó que el riesgo es que se está perdiendo capacidad biológica en los ecosistemas, también a nivel productivo, en referencia a la agricultura. Ese peligro está, sobre todo, en Almería, Murcia y Valencia o incluso la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha.

Este deterioro llevará a que los bosques centrales de la Península serán “menos densos y con menos especies en unos años”, según García-Fayos. Sin embargo, se muestra optimista ya que considera que aún se pueden paliar muchos de los problemas de sequedad en los montes.

Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) es totalmente compatible un aumento del paisaje forestal, a consecuencia del éxodo rural de los años 50 del siglo XX entre otros motivos, con el hecho de que esta vegetación sea cada vez más seca.

Para cuidar el estado de los bosques se ha creado “LIFE Redbosques Climas“, el último proyecto de EUROPARC financiado por la Unión Europea que pretende promover la capacidad de adaptación de las superficies forestales al nuevo clima, así como “mitigar el cambio climático y conservar la biodiversidad”.

EMPRESAS

Las compañías se quedan atrás en la divulgación de los datos de sostenibilidad
Entre los financieros existe un dicho muy conocido que afirma que lo que no son cuentas, es decir, datos, son cuentos. La implantación de los criterios ESG en el mundo empresarial ha comenzado con la dificultad de medir su aplicación y cumplimiento. Por eso, están surgiendo iniciativas que buscan ofrecer datos objetivos a los mercados, inversores y accionistas sobre cómo se adaptan las empresas a los principios medioambientales, sociales y de gobernanza.

No solo se trata de cumplir con la normativa, sino también de saber contarlo. Según el análisis de ESG Book, las empresas europeas lideran en el cumplimiento ESG frente a sus competidores globales, pero se están quedando atrás en la divulgación de datos de sostenibilidad, según publicó ESG News.

Dentro de Europa, las corporaciones francesas son las líderes, con una puntuación promedio de desempeño ESG del 54,9. En comparación, las empresas estadounidenses tienen una puntuación media de 50,1, mientras que las empresas japonesas obtienen una puntuación media de 49,5.

COMERCIO

El 74% de los consumidores incluyen criterios medioambientales en su decisión de compra
Nadie duda de que para que a las empresas les sea rentable cambiar sus procesos contaminantes por otros respetuosos con el medio ambiente, en ocasiones más caros, es que los compradores lo valoren y están dispuestos a pagar su precio. Por este motivo es significativo saber que el 74% de los consumidores españoles considera importantes las cuestiones medioambientales en su decisión de compra, según se desprende del último informe de AECOC Shopperview, que incorpora la visión de las empresas de gran consumo.

Además, el 50% de la sociedad española ha dejado de comprar productos de marcas que consideran no sostenibles, e incluso, ha cambiado de establecimiento para seguir comprando productos sostenibles más baratos, según comentó Cinta Bosch, gerente de Sostenibilidad de AECOC, en el noveno encuentro “Decir Haciendo”, de Consum sobre economía circular, informó ABC.

Estas fuentes añaden que los consumidores reclaman productos saludables, convenientes y sostenibles. Quizá por eso, ocho de cada diez empresas de distribución en España, usa plástico reciclable o reutilizable, en sus productos o procesos y el 34% de ellas tiene previsto aumentar su uso, según se desprende del último Informe sobre sostenibilidad en el Gran Consumo. Además, el 95% de ellas dispone de medidas para la separación o recuperación de residuos.

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