Envejecer, un reto para la salud de la economía

Más allá de la emergencia sanitaria sin precedentes a la que nos estamos enfrentando con la expansión del COVID-19, la edición del Consenso Económico de PwC del primer trimestre de 2020 incluye un monográfico sobre uno de los retos de mayor magnitud para nuestra economía y nuestra sociedad: el desafío del envejecimiento de nuestra población.

La encuesta realizada a un panel de expertos, directivos y empresarios,  revela que los problemas derivados de la mayor esperanza de vida son bien visibles, y se concentran en dos áreas: el gasto sanitario (el 83% de los consultados está totalmente de acuerdo con la afirmación de que el envejecimiento traerá consigo un aumento relevante de los costes de la sanidad), y el sistema público de pensiones (el 72% comparten plenamente la idea de que tendrá un impacto negativo en su financiación y la mayoría considera que el problema es, fundamentalmente, que no hay suficientes nacimientos -o inmigración-, para generar las cotizaciones necesarias para pagar las pensiones futuras).

Son resultados muy relevantes y de gran importancia para las cuentas del Estado: el gasto sanitario y en pensiones supone conjuntamente alrededor del 20% del PIB español.

El talento de los trabajadores mayores es un activo valioso, pero las empresas y el sistema en general no están preparados para aprovecharlo adecuadamente

Pero el envejecimiento también ofrece oportunidades para la economía y para la sociedad en general. Sin embargo, estos efectos positivos no son tan visibles, según se deduce de las opiniones de los panelistas. La mayor esperanza de vida genera mucho más tiempo libre, lo cual puede llegar a tener consecuencias muy positivas para la economía y para la sociedad en general -una idea con la que están muy de acuerdo más de la mitad de los encuestados-.

Veamos todo ello con más detalle.

La apuesta por la jubilación activa

Los expertos, directivos y empresarios españoles consultados en la encuesta del monográfico creen mayoritariamente que el talento de los trabajadores mayores es un activo valioso y que las empresas no están preparadas para aprovecharlo adecuadamente, entre otras cosas porque carecen de incentivos económicos y normativos para retenerlos.

Para subsanar estas carencias, y de paso dar un respiro al sistema público de pensiones, la propuesta que cuenta con mayor apoyo es la de generalizar la denominada jubilación activa, una fórmula que permite compatibilizar, con condiciones, el cobro de la pensión y la continuación de la actividad laboral (ver información adjunta). El 78% de los consultados está totalmente de acuerdo con esta figura y solo el 6% la rechaza de plano.

También ven idónea la introducción de acuerdos directos entre empresas y jubilados, como contratos de compatibilidad para trabajadores ya retirados. Por otra parte, los encuestados rechazan de modo mayoritario algunos estereotipos del mercado laboral vinculados a la edad, como que el envejecimiento de la población activa frena la productividad o que los empleados mayores son perfectamente sustituibles, dado su coste y rendimiento, por trabajadores jóvenes.

Longevidad, divino tesoro (o no tanto)

Cada día que pasa el español medio añade tiempo extra a su esperanza de vida. En el periodo 1991-2018 (los últimos veintiocho años) la ganancia media experimentada por la esperanza de vida de la población en España ha sido de 3,8 horas cada 24, lo que equivale a 1,9 meses por año y 1,6 años en cada década. En 2040, según el Institute for Health Metrics and Evaluation, de Washington, España será el país más longevo del mundo, con una esperanza de vida al nacer de 85,8 años, por encima de Japón. El INE también aporta una proyección en el mismo sentido: se espera que el porcentaje de la población mayor de 65 años, que hoy ronda el 20% de la población total, subirá al 30%, en 2031, y al 35% en 2060.

La longevidad tiene una ‘cara oscura’. Desde el punto de vista económico, supone un incremento de las cargas financieras para los sistemas de salud y de pensiones. Asimismo, esperanzas de vida tan largas exponen a la población de edad elevada a sufrir severas limitaciones y enfermedades discapacitantes desde el punto de vista físico y cognitivo. Hay un serio problema también con el creciente número de personas mayores que viven solas, tal y como atestiguan mayoritariamente los encuestados. El 70% está totalmente de acuerdo con que es un problema relevante en España y un porcentaje también muy considerable de ellos comparte el argumento de que el Estado debe proveer soluciones, como por ejemplo la creación de una agencia estatal que coordine políticas y recursos.

Sin embargo, la creciente longevidad es, ante todo, una excelente noticia, teniendo en cuenta además que el aumento de la esperanza de vida va acompañado por lo general de una ampliación del periodo que podemos considerar de calidad de vida. Los mayores tienen la posibilidad de disfrutar de grandes ganancias de tiempo, ya sea con fines de descanso y ocio o de productividad.

La sociedad en su conjunto se beneficia también de ello. Pensemos por ejemplo en las oportunidades que surgen en la llamada silver economy (economía de plata), que es el sector económico que se dedica a satisfacer las necesidades de bienes y servicios de las personas mayores. Las posibilidades que se abren en la oferta de salud, de asistencia social, de ocio, de finanzas o de vivienda son notables. Así lo considera el 55% de los expertos consultados en el Consenso Económico, mientras el 39% cree que no se trata de una moda sino de una tendencia significativa.


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