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Las empresas ante el COVID y la redefinición de su propósito

La crisis del COVID-19 ha acelerado la necesidad de adaptar las reglas del capitalismo que ya promulgaban inversores y grandes empresarios en los últimos tiempos. Voces como Warren Buffett, Bill Gates, Larry Fink o Ray Dalio llevan tiempo haciendo llamamientos para reducir la desigualdad. En concreto, Larry Fink, primer ejecutivo de la mayor gestora de fondos del mundo (BlackRock) en su misiva dirigida a CEOs del año 2019, indicaba que el propósito de las compañías no debe perseguir exclusivamente la generación de beneficios.

Fruto de todas estas voces, la Business Roundtable, que reúne a los presidentes ejecutivos de las mayores corporaciones en EEUU, propuso en 2019 modificar el propósito de las compañías para asegurar que este se dirigiera al beneficio de todos los grupos de interés y no exclusivamente al de los accionistas.

En la misma línea, el Foro de Davos publicaba unos meses más tarde el “Manifiesto de Davos 2020” que pretende redefinir las reglas del capitalismo y propone que el propósito de las empresas sea colaborar con todos sus stakeholders en la creación de valor compartido.

Además de los hitos señalados, la transformación del rol empresarial en la sociedad se ha visto impulsada por crisis de diferente naturaleza que han elevado la relevancia de otras variables, adicionales a la económico-financiera, en el desempeño corporativo. Si bien, otras crisis reforzaron en el pasado la importancia de la E (environmental) y la G (governance) del concepto ESG, ahora sería el turno de la S (los aspectos sociales).

De hecho, según una encuesta publicada por la revista Fortune en el año 2019, más de la mitad de los CEOs consultados percibían las actividades destinadas a paliar problemas sociales como parte de la responsabilidad de sus compañías. Un 44% iba, incluso, más allá, al asegurar que sus empresas deberían buscar activamente la resolución de cuestiones sociales como parte de su estrategia.

En España, este apoyo es, si cabe, más claro. Tal y como ha puesto de manifiesto la última edición del informe Consejos de Administración de Empresas Cotizadas publicado por PwC, hasta un 64% de los consejeros de empresas españolas encuestados manifiesta que las compañías deben involucrarse más en asuntos de relevancia para la sociedad.

La situación actual ofrece a las compañías la oportunidad de ejercer un liderazgo social para contribuir a combatir la pandemia y apoyar los esfuerzos de reconstrucción. Muchas empresas han entendido este papel de liderazgo y han hecho que sus principales niveles ejecutivos se involucren de forma directa.

De hecho, en nuestro país han surgido ejemplos muy destacados de compañías que han contribuido a través de distintas soluciones en este ámbito, tales como poner al servicio del país sus capacidades logísticas o industriales o apoyar el refuerzo de la capacidad asistencial suministrando gratuitamente energía u otros elementos básicos para los espacios habilitados como nuevos centros médicos.

Los anteriores constituyen solo algunos ejemplos de respuestas iniciales a la crisis. No obstante, el impacto de la pandemia inducirá otras necesidades a medio y largo plazo, fundamentalmente en el plano social, en las que las empresas podrían involucrarse, participando en su mitigación y, al mismo tiempo, paliando ciertos riesgos sobre su actividad.

Algunas de estas actuaciones podrían ser:

  • Mantenimiento del empleo y, en algunos casos, concesión de bajas pagadas, imprescindibles para facilitar el aislamiento físico necesario para combatir al virus en caso de rebrote.
  • Refuerzo de las condiciones de seguridad y salud laboral de los empleados extendiendo su alcance a otros ámbitos como la atención psicológica y el bienestar.
  • Intensificación de la colaboración público-privada para brindar las capacidades logísticas, industriales y tecnológicas a proyectos dirigidos a la lucha contra la epidemia y sus consecuencias.
  • Respeto de los compromisos con proveedores para ayudar a la estabilización de las economías en las comunidades en las que están presentes las compañías.
  • Mantenimiento de las relaciones con clientes y, en algunos casos, concesión de ayudas financieras a estos cuando las necesiten.

En el actual contexto, el éxito de las empresas en el mercado no solo dependerá ni se medirá por su capacidad para maximizar su desempeño económico-financiero en el corto y medio plazo. La gravedad sistémica de los impactos del COVID-19 hará que el “Stakeholder capitalism” sea más urgente que nunca.

Los negocios, por tanto, se encuentran en un momento clave para redefinir algunos rasgos de su actividad fundamentales para tener éxito en este periodo.

El primero de ellos, desde el punto de vista del riesgo, consistirá en reforzar la evaluación de riesgos no financieros emergentes que, al igual que el COVID-19, tengan la capacidad de afectar a la actividad empresarial. La anticipación y correcta gestión de estos riesgos reforzará la resiliencia de los modelos de negocio, ámbito al que inversores y resto de Grupos de interés prestarán cada vez mayor atención.

La adaptación de las estrategias de responsabilidad social que determinan cómo una compañía atiende a las expectativas de sus Grupos de interés es otra línea de trabajo fundamental. Estas estrategias han de considerar las nuevas problemáticas que experimentará la sociedad, a cuya mitigación podrían contribuir las empresas, no solo mediante proyectos sociales, sino mediante el diseño de nuevos modelos de negocio que provean de los productos o servicios necesarios en este nuevo contexto.

Por último, y en línea con lo anterior, el sector corporativo se encuentra en un momento propicio para redefinir su propósito empresarial y decidir el papel que quiere jugar en un contexto post COVID-19.

No en vano, el entorno actual, dominado por la incertidumbre, inducirá un escrutinio mayor que nunca acerca de la contribución que las corporaciones realizan al bien común, sobre todo en aquellos casos en los que los gobiernos se vean obligados a aprobar medidas o paquetes de estímulo que les beneficie.

Vincular la actividad empresarial a la mitigación de los daños producidos por la crisis y contribuir a la recuperación de los grupos de interés no solo constituirá, por tanto, una actuación en el ámbito de la filantropía o la responsabilidad social, sino una estrategia alineada con el propio interés empresarial en el medio y largo plazo.


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