El termómetro de la recuperación económica: rebotes y rebrotes

Los indicios de recuperación de la economía se han consolidado en los últimos días. La mayor parte de los indicadores de coyuntura recientes (los denominados de alta frecuencia) apuntan a un rebote significativo de la actividad productiva y de la movilidad. El reverso de la moneda son los rebrotes del virus que se están detectando en muchos países del mundo, incluyendo España, al compás de la desescalada de las medidas de seguridad sanitaria. Ante este cóctel de noticias positivas y negativas, los mercados de valores se han mostrado en los últimos días dubitativos, aunque con una ligera tendencia hacia las pérdidas. En esta serie periódica de informaciones de actualidad ofrecemos una recopilación de datos, hechos y tendencias para tomar la temperatura de la recuperación en España y en el mundo.

La economía: señales esperanzadoras

La buena noticia de la semana fueron los resultados adelantados de las encuestas de gestores de compras (PMI, por sus siglas en inglés), que confirman que la recuperación es consistente en algunas de las principales economías del mundo. Los índices de junio de todos los países mejoran mucho respecto a mayo, aunque la mayoría de ellos siguen por debajo del nivel del 50, que marca la diferencia entre la contracción y la expansión de la actividad (Estados Unidos, 46,8; Reino Unido, 47,6; la eurozona, 47,5; Alemania, 45,8). Las únicas excepciones que se salen de la norma son Francia (51,3, y que por tanto ya está creciendo) y Japón (que todavía renquea, con un índice de 37,9).

Otras señales esperanzadoras (PDF) de recuperación de la economía mundial son el aumento de número de vuelos diarios de las compañías aéreas, que se ha doblado hasta casi 120.000 en los últimos dos meses (aunque están lejos de los 180.000 de principios de año) o la evolución de la tendencias de movilidad que detectan Google y Apple, que en algún caso (como la conducción de automóviles en los países del G-20) han recuperado los niveles previos a la crisis de la pandemia.

En Estados Unidos, la economía parece haber entrado en un compás de espera. Los últimos datos de peticiones de subsidio de desempleo revelan una mejoría muy ligera (todavía hay 1,48 millones de estadounidenses que los reclaman cada semana), lo que pone en cuestión la rapidez de la recuperación de la economía del país, según la interpretación de The Wall Street Journal. En cambio, Bloomberg Businessweek detecta un prometedor repunte de las solicitudes de nuevas empresas, especialmente en los estados del sur.

En España, algunos indicadores de alta frecuencia apuntan a una cierta mejoría, lenta pero firme, de la economía. Según datos de Red Eléctrica Española, la demanda de energía eléctrica se elevó ayer hasta un máximo de 33.681 MW, lo que representa un incremento del 11,9% en un mes. Pulso, el indicador de Banco Sabadell basado en las compras con tarjeta, revela que la actividad comercial está en el 85,66% respecto a la que había hace un año, frente al 81,45% de finales de mayo.

España: previsiones con pinzas para el segundo trimestre

Las previsiones macroeconómicas para España siguen siendo negativas. El informe del FMI publicado el pasado miércoles estima que el PIB caerá este año un 12,8%, la peor cifra, junto a la de Italia, entre los principales países del mundo. La estimación es más pesimista que la de la OCDE (-11,1% en el escenario central) y bastante peor que la del Gobierno español (-9,2%). Más sorprendentemente, las diferencias en las previsiones se extienden al segundo trimestre del año, que está a punto de concluir, y que con toda probabilidad será el peor de la historia reciente de la economía española. El Banco de España estima que la caída de la producción será de alrededor del 20% intertrimestral (Cinco Días), mientras que la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef – PDF) la deja en el 14,1%. Seis puntos porcentuales de diferencia que parecen muchos, teniendo en cuenta que ya se han publicado bastantes datos del trimestre, pero que son un reflejo del enorme grado de incertidumbre que rodea la coyuntura económica.

Mercados: muchas dudas y alguna certeza

Los mercados de valores no acaban de encontrar su rumbo, y tras las subidas de finales de mayo y principios de junio andan metidos en una sucesión de altibajos sin una trayectoria definida. En la semana del 18 al 25 de junio el temor a los rebrotes del virus marcó una evolución a la baja, aunque de poco relieve. Los principales índices europeos y estadounidenses (Ibex 35, Euro Stoxx 50 y S&P 500) cayeron entre un 1% y un 2%, y en Asia el Hang Seng de Hong Kong se desmarcó con una subida del 1,3%. La prima de riesgo de España aumentó muy ligeramente (de 95 a 97 puntos básicos) y el precio del petróleo Brent cayó algo más de un dólar, hasta los 40 dólares por barril.

Lo que sí parece medio resuelto es el conflicto entre el Tribunal Constitucional alemán y el Banco Central Europeo (BCE). El tribunal germano se saltó hace unas semanas el escalafón judicial (ignorando los criterios del Tribunal Europeo de Luxemburgo) y expresó sus dudas sobre los programas de compra de deuda del BCE, al que pidió que justificara su proporcionalidad antes del 5 de agosto, so pena de prohibir al Bundesbank participar en esas operaciones. El explosivo artefacto jurídico, que amenazaba con quebrar la política monetaria de la eurozona, ha sido desactivado, sin embargo, por la diplomacia política y judicial alemana, cuenta Bloomberg. El BCE ya tiene preparada su argumentación para defender su posición (está dispuesto incluso a aportar documentos confidenciales, según Il Sole 24 Ore), y ni el Bundestag ni por supuesto el Gobierno de Berlín le pondrán pegas. El pragmatismo, y más en tiempos de crisis, es un atributo muy alemán.

Empleo: Alemania y Japón, dos modelos de éxito

Los distintos países se han enfrentado de muy diversas maneras a la crisis de empleo desatada por el COVID-19. Uno de los modelos de mayor éxito es el Kurzabeit alemán, una especie de permiso temporal o ERTE (de hecho, el sistema español está inspirado en él) que ya funcionó muy bien durante la crisis de 2008 y que también está teniendo éxito ahora, como explica la revista The Economist. El modelo ha permitido que el nivel de paro en Alemania se mantuviera en mayo en un moderado 6,3%, frente al 5,8% de abril. La sangría de despidos, al menos de momento, se ha evitado. Naturalmente, a un precio. El Estado paga el 60% del salario (un 67% para trabajadores con hijos) o incluso más si se trata de empleos en el sistema durante más de siete meses, lo cual supone un gasto considerable, teniendo en cuenta que en mayo había 7,3 millones de alemanes en esa situación.

Si la fórmula germana para mitigar el impacto en el empleo es gastar un montón de dinero público, los japoneses han optado por una fórmula más simple: no despedir. Tal y como describe The Asahi Shinbum, la tasa de paro ha pasado del 2,4% en febrero al 2,6% en mayo, un levísimo incremento que contrasta por ejemplo con lo ocurrido en el mercado laboral de Estados Unidos, donde el índice de desempleo ha aumentado desde el 3,5% hasta el 13,3% en esos mismos tres meses. La estabilidad laboral en Japón tiene que ver con distintos factores. Allí la epidemia, y por tanto la crisis económica, ha tenido efectos más suaves que en otras partes del mundo. Pero la principal explicación radica en la singularidad del mercado laboral nipón, en el que el despido no es una opción aceptable durante los momentos de crisis. La sociedad del país entiende las relaciones laborales como un contrato de larga duración en el que el trabajador rinde al máximo (los japoneses están entre los que más horas trabajan del mundo) a cambio de que el empresario cuide de él en todo momento. La aversión de las compañías niponas a despedir se ha completado durante esta crisis con un régimen de excedencia temporal (algo similar al Kurzabeit o al ERTE, pero en el que son las empresas las que pagan el 60% del salario del trabajador) para los negocios en dificultades.

Posdata: ¿cómo de peligrosos son los rebrotes del virus?

No hay más que asomarse a cualquier publicación de la prensa nacional o internacional (por ejemplo, The New York Times, The Asahi Shinbum, The Wall Street Journal o La Vanguardia) para darse cuenta que estamos rodeados de rebrotes y nuevas amenazas del coronavirus. Los hay en España, en India o en Estados Unidos, pero también (más sorprendentemente) en países que han gestionado bien la crisis sanitaria, como Japón, Alemania, Nueva Zelanda o Corea del Sur. Los rebrotes, aun siendo esporádicos, hacen mucho ruido y minan la confianza de los agentes económicos.

Pero no hay motivos para el pánico. Como sostiene Oxford Economics (PDF), se trata de incidentes menores e inevitables mientras la prevalencia de la enfermedad esté tan extendida en todo el planeta, y especialmente ahora que estamos en una fase de desconfinamiento progresivo en muchas partes del mundo. Desde el punto de vista económico, la clave está en que los responsables sanitarios sepan gestionarlos y controlarlos con rapidez, previniendo males mayores y evitando en lo posible la vuelta a las restricciones de actividad más severas. En todo caso, los rebrotes de la COVID-19 son la señal de que la situación de la economía distará mucho de ser normal hasta tanto no se encuentre una vacuna.

atoca: