El termómetro de la recuperación económica: saliendo del hoyo

Superada en muchos países la fase aguda de la enfermedad del coronavirus, la actividad económica empieza a dar las primeras señales de reactivación, especialmente en aquellas economías, como China, que la sufrieron antes. Otros países, como España, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia e Italia, han iniciado el levantamiento de las restricciones de los movimientos y de la actividad económica y los indicios de que se está saliendo del hoyo son incipientes pero crecientes. La mejora de las expectativas se ha trasladado a los mercados de valores y al precio del petróleo, pese a que en algunas zonas hasta ahora poco infectadas por el virus, como Latinoamérica y Rusia, la pandemia se está extendiendo. En esta serie semanal de informaciones de actualidad ofrecemos una recopilación de datos, hechos y tendencias para medir la temperatura de la recuperación en España y en el mundo.

Economía: China sigue avanzado hacia la normalización y Europa toma aire

Los últimos datos de la economía china confirman la progresiva normalización de la actividad en el país, según el análisis de Oxford Economics. En abril, tanto la producción industrial como la inversión registraron tasas interanuales positivas, aunque todavía algo inferiores a las de los meses previos a la declaración de la epidemia. La única nota preocupante es la venta de bienes de consumo, que sigue rezagada. Aunque se está recuperando, se sitúa todavía un 7,5% por debajo del nivel del mismo mes del año pasado, lo cual sugiere que será la variable que reaccione más lentamente a la desescalada. El Diario del Pueblo explica, en este sentido, que el consumo de bienes y servicios que requieren el contacto directo necesitará tiempo para reactivarse. En la zona del euro también aparecen señales de que la economía está empezando a tomar aire. El índice de gestores de compras IHS Markit, un indicador de actividad muy valorado, ha subido en mayo de 13,6 a 30,5 puntos, tal y como publica Financial Times. Los dos componentes del índice (los servicios y las manufacturas), mejoran ostensiblemente, aunque están todavía lejos del nivel 50, que marca la diferencia entre la expansión y la contracción. Alemania, un claro candidato a actuar como locomotora de la recuperación de la economía europea, es el país que ofrece mejores datos, por haber salido más rápido del confinamiento y porque depende menos de sectores duramente golpeados por el virus, como el turismo.

En abril, tanto la producción industrial como la inversión registraron tasas interanuales positivas, aunque todavía algo inferiores a las de los meses previos a la declaración de la epidemia

Unión Europea: Merkel rompe el molde

El acuerdo firmado por Francia y Alemania para crear un fondo europeo de recuperación económica de 500.000 millones de euros ha descolocado las piezas del tablero de la Unión Europea. Por primera vez, Alemania respalda una iniciativa que supone que la Comisión Europea se endeudará de forma colectiva para transferir fondos (no préstamos, esa es la cuestión) a los países más necesitados. El movimiento de la canciller alemana, Angela Merkel, ha sido comparado, según la agencia Reuters, con la decisión que tomó a finales del siglo XVIII Alexander Hamilton, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, al asumir las deudas de los estados tras la Guerra de la Independencia. Quizás no es exactamente lo mismo, pero nadie duda de que se trata de un acuerdo que puede romper tabúes y alterar el actual statu-quo europeo.

El problema ahora es convencer a los socios del norte y del este de Europa, tradicionalmente contrarios a mutualizar las deudas de los países del sur, de que las circunstancias excepcionales que vivimos requieren decisiones también excepcionales. Los más duros de pelar serán seguramente Holanda, Austria, Dinamarca y Suecia, no por nada denominados los cuatro austeros (en inglés, the frugal four). También habrá que persuadir a una parte de la opinión pública alemana, que se alinea igualmente con las posiciones más antagónicas a este tipo de concesiones. Pero con Merkel al mando de las operaciones, todo es posible.

Banca: Una caída difícil de explicar y un posible remedio

Los análisis sectoriales sobre el impacto de la crisis sanitaria coinciden en que las empresas más perjudicadas son las vinculadas con el sector turístico (hoteles, aerolíneas, agencias, etc.), la industria del automóvil y el comercio. En ese doloroso ranking, los servicios financieros aparecen en una posición intermedia. Se prevé que sus ingresos se resientan por la caída de los créditos al consumo y empresariales, y además se espera una subida fuerte de la morosidad, pero sin llegar a situaciones dramáticas. Además, los bancos están mucho más capitalizados que durante la crisis de 2008, y por tanto son más resistentes que entonces. Sin embargo sus cotizaciones en bolsa se han hundido. En Europa, la caída del sector desde el 20 de febrero, cuando se inició el desplome, es de casi el 50% y en España es incluso algo superior. En comparación, las cotizaciones de la industria del automóvil y del comercio minorista europeos, teóricamente más expuestos, solo han bajado un 25% y un 15%, respectivamente.

Los analistas consultados por la agencia Bloomberg no aciertan a explicar esta evolución tan negativa, más allá del hecho evidente de que los inversores no quieren comprar acciones de los bancos, pese a que los precios de muchas de ellas parecen auténticos chollos. Financial Times apunta que un posible remedio es que los bancos aumenten significativamente sus niveles de capital, y pone como ejemplo lo que hizo el gigante HSBC en 2009, en medio de la tormenta financiera. El banco británico aprobó una ampliación de capital monstruo (12.500 millones de libras esterlinas del ala) y en seis meses dobló su cotización en bolsa.

Automóvil: ¿Rayo de luz?

Las malas noticias se agolpan en la industria del automóvil. Las ventas en Europa durante el mes de abril cayeron un 78% (97,6% en España) y los fabricantes están estudiando cierres de plantas. Según el diario japonés Nikkei, Nissan pretende cerrar su fábrica de Barcelona. Mientras, Renault se plantea clausurar cuatro plantas en Francia y Volkswagen ha detenido la producción de varios modelos en Alemania. Pero una información de Financial Times aporta un poco de luz al futuro del sector al sugerir que el coronavirus también puede traer un cambio positivo. La tesis es que con la pandemia los consumidores recelan mucho más que antes del transporte público (foco potencial de transmisión) y están volviendo los ojos hacia los vehículos privados, lo cual puede llegar a impulsar la venta de automóviles a corto y medio plazo. Esto no es solo una hipótesis más o menos verosímil. En China, que es una especie de laboratorio de ensayo de lo que puede ocurrir en los países occidentales, el tráfico de vehículos se había recuperado a mediados de abril en un 90%, mientras que el transporte público solo lo había hecho en un 50%. Los datos de ventas de automóviles, con un aumento interanual en abril del 4,4%, también confirman esta tendencia.

Empresas: La estrategia elástica de Uber

Llamar a un VTC para que te lleve a un restaurante ya no mola. Ahora lo que mola es que te lleven la comida a casa. Con esta lógica aplastante, Uber está cambiando su estrategia de negocio, tal y como explica Bloomberg Businessweek. La compañía acaba de lanzar una oferta para comprar Grubhub, una potente empresa de comida a domicilio que tiene el 28% del mercado de Estados Unidos, y que es rival directo de Uber Eats. En el otro extremo de la ecuación, Uber ha anunciado un fuerte recorte de empleo en su negocio tradicional del transporte privado de viajeros y se está deshaciendo de sus participaciones en empresas locales de India y Rusia. Tal y como está el asunto, parecen movimientos razonables. Pero el semanario también advierte del riesgo de apostar por un segmento, como es el de comida a domicilio, de incierta rentabilidad, teniendo en cuenta que Uber Eats todavía pierde dinero.

Mercados: La montaña rusa de las farmacéuticas

La evolución de los mercados en la última semana fue globalmente positiva, en línea con la mejora de las expectativas económicas. Entre el 14 y el 21 de mayo, las bolsas registraron ganancias generalizadas (más significativas en Europa y en Estados Unidos, con subidas del orden del 5%, que en España, que se quedó en el 2%). El precio del petróleo Brent pegó un buen salto, hasta los 35 dólares (+18%) y la prima de riesgo de España con Alemania se moderó de forma sustancial y bajó hasta los 117 puntos básicos. También fueron noticia en los mercados las cotizaciones de algunas farmacéuticas, muy sensibles a los posibles avances para la obtención de la vacuna contra el coronavirus.

El caso más notable fue el de la empresa estadounidense Moderna, que tras dar a conocer que sus ensayos evolucionaban positivamente subió el pasado lunes un 20%., según cuenta Bloomberg. Fue una subida efímera, porque posteriores análisis demostraron que la cosa no era para tanto y el precio de sus acciones volvió a su punto de partida. Una montaña rusa parecida experimentó la cotización del gigante anglosueco AstraZeneca, que ha recibido sendas aportaciones de los gobiernos de Reino Unido y Estados Unidos para que acelere sus ensayos para conseguir una vacuna, aunque el éxito de los mismos es incierto. Otro laboratorio candidato a hacerse rico es Gilead, que tiene un tratamiento experimental contra el coronavirus y cuyas acciones también se mueven con un perfil agudo de dientes de sierra.

Posdata: Adiós a la globalización, otra vez

Dos de los más importantes semanarios de Europa (el británico The Economist, seguramente el más influyente, y el alemán Der Spiegel, el más vendido) han publicado en las últimas semanas exhaustivos análisis sobre el impacto de la crisis de la pandemia en la globalización. The Economist titula en portada: “¿La Covid-19 ha matado la globalización?”. Der Spiegel habla del “principio de la desglobalización”. La tesis principal de ambas revistas es que el virus puede cambiar las prioridades de las empresas, que a partir de ahora tenderían a primar la seguridad de sus cadenas de suministro (concentrándolas en los mercados locales) en lugar de la eficiencia (que aconseja buscar los mejores proveedores en todo el mundo), con el consiguiente impacto negativo en los intercambios comerciales globales.

En otras palabras, se trataría de volver a los viejos tiempos del almacenamiento próximo, para tener todos los componentes a mano, y olvidar el sistema de producción just in time, basado en reducir al mínimo los inventarios, que con tanto éxito exportó Japón en la década de los 80. Las tentaciones nacionalistas de los gobiernos también jugarían un papel decisivo en esta reorganización de la gestión empresarial. Como cuenta la revista The Banker, Japón ha aprobado medidas para favorecer que las empresas que están instaladas en China vuelvan al país y el Congreso estadounidense estudia una propuesta de creación de un fondo de 25.000 millones de dólares para que las empresas sustituyan sus proveedores chinos por suministradores locales.

No es la primera vez que se ha anunciado el declive de la globalización. En 2001, el diario británico The Guardian ya proclamó su final tras estallar la burbuja de Internet. La crisis económico-financiera de 2008-2013 también dio alas a los profetas del apocalipsis global. Y más recientemente, la guerra comercial entre Estados Unidos y China ha hecho prosperar la idea de que nos dirigimos hacia una globalización a paso lento (o slowbalization, como explicamos aquí). Habrá que ver si la pandemia le pone la puntilla, o es otro falso aviso.

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