No se trata de un error. Conectar los datos y la tecnología con la que están equipados los coches con los sistemas sanitarios puede transformar el asiento del conductor en tu próximo dispositivo wearable o ponible.

El recurso de mayor valor en el mundo acelerado en el que vivimos es, probablemente, el tiempo. Por eso, tendemos a valorar aquellos servicios que nos ayudan a ahorrarlo o a no perderlo. A qué dedicamos nuestro tiempo las personas varía sensiblemente. Por ejemplo, cada año, un conductor en el Reino Unido pasa unas 130 horas al volante y apenas está 50 minutos con su médico de cabecera. En Estados Unidos esta diferencia es aún mayor: los conductores están alrededor de 365 horas conduciendo y sólo 30 minutos con su médico de atención primaria.

¿Y si existiera una forma de transformar todo el tiempo que pasamos sentados en el coche en tiempo útil para la salud? Con la tecnología actual y el vehículo conectado podríamos:

  • Integrar sistemas que monitorizan la salud directamente en los vehículos y aprovechar el tiempo al volante para recopilar información vital y crear una cadena de datos compartibles de principio a fin.
  • Permitir que los coches funcionen como señales de alerta temprana frente al deterioro cognitivo.
  • Utilizar el volante para transmitir información clave sobre cómo sube la presión arterial y el ritmo cardíaco cuando el conductor experimenta situaciones de estrés.

Hace treinta años, los coches eran, en esencia, máquinas aisladas. Su única conexión con el mundo exterior era la radio. Hoy en día, incluso los modelos más básicos cuentan con sensores, cámaras, sistemas de navegación y conexión a internet, entre otras tecnologías digitales que mejoran la funcionalidad y comodidad del conductor. Estas innovaciones han dado lugar a productos y servicios completamente distintos, como la radio por satélite, aplicaciones de navegación, sistemas de entretenimiento y asistentes de conducción automática. Ahora imagina que esas mismas tecnologías digitales puedan aplicarse en otro ámbito donde los datos y la conectividad están adquiriendo cada vez más importancia: la asistencia sanitaria.

Como hemos señalado, hay cuatro tendencias clave que están redefiniendo el futuro de la atención sanitaria. Con el paciente como eje central, el sector se centrará en la prevención, planes de tratamiento personalizados, métodos predictivos y proactivos para identificar riesgos tempranos, y formas de atención más cómodos y eficientes. Y en todos estos aspectos, el coche conectado puede abrir nuevas oportunidades. La reestructuración de los sistemas de salud a nivel mundial en torno a estos cuatro principios exige cambios profundos que afectan a múltiples sectores y que requieren la colaboración de distintos actores. Se está generando valor en todo el ámbito sanitario, y está claro que la industria de automoción puede ser un valioso aliado de esta transformación.

Recopilación de datos

A medida que los vehículos incorporan sensores de alta tecnología y que sus ocupantes utilizan cada vez más dispositivos wearables, los coches pueden desempeñar un papel fundamental en la capacidad de los conductores para monitorizar su salud. Por ejemplo, la temperatura corporal, la presión arterial y la sudoración pueden controlarse a través del volante, mientras que los sensores en el asiento pueden medir el peso corporal, la grasa corporal, el ritmo cardíaco, la posición de la columna y la postura durante la conducción.

Estos datos cumplen una doble función: por un lado, ayudan a conducir de manera más segura, al alertar sobre posibles problemas de salud que podrían afectar a su capacidad para llevar el vehículo, y, por otro, proporcionan a los profesionales sanitarios información valiosa para realizar valoraciones clínicas más completas.

Abordar los factores de riesgo de las enfermedades mediante tecnologías innovadoras en vehículos inteligentes y equipados con el correspondiente software, puede dar a las personas el control de su salud y de su bienestar, y reducir así la carga sobre los sistemas sanitarios.

Monitorización a largo plazo

El seguimiento continuo de los datos de salud dentro del vehículo podría dar lugar a nuevos modelos de negocio sostenibles para una amplia variedad de empresas, ya sean aseguradoras, compañías farmacéuticas o proveedores de soluciones. Esta información permitiría diseñar programas de prevención personalizados para los consumidores, adaptar pólizas de seguros, reducir las bajas laborales en las empresas y ofrecer productos y servicios complementarios por parte de los proveedores.

La principal ventaja de los llamados datos longitudinales es que se recopilan en un entorno controlado y durante un periodo prolongado, lo que ofrece una visión muy valiosa sobre la evolución de los parámetros corporales a lo largo tiempo. Este conjunto de datos permitiría a los profesionales sanitarios tomar decisiones informadas tanto para la detección temprana de patologías como para la gestión de enfermedades crónicas, superando así la dependencia de datos aislados procedentes de las visitas puntuales al médico. Además, podrían emplearse para hacer un seguimiento de la eficacia de los tratamientos a lo largo del tiempo.

Vincular los sistemas de monitorización de la salud con bases de datos externas mediante aplicaciones de terceros permitiría que estos datos longitudinales superen los silos de información y se conviertan en una herramienta clave para ofrecer recomendaciones personalizadas en la prevención de enfermedades.

Atención en el punto de asistencia y recomendaciones personalizadas

Los vehículos inteligentes equipados con sensores pueden funcionar de forma complementaria con los dispositivos de monitorización para ayudar a los conductores a identificar cambios que requieran un seguimiento adicional o atención inmediata. Un posible caso de uso para el seguimiento de la evolución de enfermedades es la demencia. Funcionalidades como la navegación GPS con memoria de rutas, los comandos activados por voz y los sistemas de asistencia a la conducción que registran la frecuencia de apoyo necesario ofrecen información valiosa sobre cambios en la función cognitiva. Asimismo, las cámaras que reconocen movimientos y expresiones faciales, junto con el análisis de conductas de la conducción incoherentes, como confundir el acelerador con el freno o usar incorrectamente los intermitentes, aportan datos críticos.

En la Unión Europea, el sistema eCall ya marca automáticamente el número de emergencias cuando un vehículo sufre un accidente. Con el desarrollo tecnológico, los coches podrían contar con la capacidad de realizar diagnósticos de emergencia; y en casos en los que el conductor presente síntomas de un infarto u otro evento crítico de salud, el propio vehículo podría llamar de inmediato a los servicios de emergencia, proporcionando información vital sobre la condición del conductor y su localización. Este tipo de respuesta inmediata puede salvar vidas y reducir de manera significativa los riesgos para la salud.

Nuevos nichos de valor

Los consumidores encontrarán un valor significativo en la monitorización de su salud dentro de un entorno tan cotidiano como el vehículo. Pero la integración del cuidado de la salud en las soluciones de movilidad, mediante diferentes configuraciones y nuevos servicios dirigidos tanto a mercados B2B como B2C, también abrirá oportunidades de valor para las aseguradoras, compañías farmacéuticas, empresas de tecnología sanitaria y fabricantes de automóviles. Podríamos imaginar, por ejemplo, a creadores de contenidos y organizaciones de sanitarias colaborando para ofrecer un pódcast con recomendaciones personalizadas a conductores con necesidades específicas; o a conductores suscribiéndose a aplicaciones de monitorización de emergencias integradas en su coche; o incluso a cuotas de renting que incluyan seguros preventivos de salud ocular.

Para las aseguradoras y entidades de sanitarias, esta integración podría generar ahorros en el gasto sanitario gracias a la intervención temprana y a la prevención de enfermedades. Para la industria farmacéutica, los datos permitirían monitorizar la eficacia de los medicamentos y la evolución de las patologías, ayudando a medir de manera más precisa el funcionamiento de los tratamientos. Para los fabricantes de automóviles, este tipo de servicios pueden convertirse en un factor diferenciador frente a la competencia y reforzar la fidelidad de los clientes, con una inversión reducida en casos en los que los datos se obtengan a través de los sistemas y sensores ya instalados en los vehículos.

El reto de los datos y la privacidad

Detrás de todos estos avances se esconde un desafío fundamental: la privacidad y la seguridad de los datos. Para que las compañías de salud y movilidad colaboren de la manera que hemos descrito será imprescindible contar con la aceptación de los consumidores. Conductores y pasajeros deberán consentir el uso de información sanitaria sensible a cambio de beneficios que, en algunos casos, pueden percibirse como intangibles. La transición hacia las historias clínicas electrónicas ya ha puesto de relieve la importancia de proteger la privacidad de los datos relacionados con la salud.

Esto significa que todos los participantes en estos ecosistemas tendrán que esforzarse por educar a los consumidores, comunicarse con claridad y ser completamente transparentes sobre cómo van a proteger la privacidad de los datos y cumplir con las regulaciones en constante evolución. Tanto como las capacidades técnicas, el desarrollo de nuevos productos y soluciones dependerá de la capacidad de generar confianza.

El camino que nos queda por delante

Para aprovechar estas fuentes de valor, los distintos actores deberán colaborar con grandes compañías tecnológicas, start-ups y empresas de salud digital, con el fin de integrar y analizar diversas fuentes de datos. Será necesario también estar abiertos a apostar por nuevos modelos de negocio que permitan profundizar en el conocimiento de las enfermedades y contribuir a definir el futuro del cuidado de la salud.

Algunas de estas ideas pueden sonar futuristas o poco realistas. Sin embargo, conviene recordar la velocidad a la que avanza la tecnología: productos y servicios que parecían de ciencia ficción, desde los sistemas de navegación por voz hasta los relojes que monitorizan el ritmo cardíaco y los niveles de oxígeno en sangre, son hoy habituales. Y la llegada de la conducción autónoma probablemente abra la puerta a innovaciones aún mayores. Hoy, un coche puede llamar a una ambulancia si su conductor sufre un infarto. Mañana, podría llevar directamente al paciente a urgencias.

Apostar por el futuro implica redefinir nuestra relación con los vehículos: no solo como medios de transporte, sino también como aliados en el cuidado de la salud. De este modo, podremos avanzar hacia carreteras más seguras y vidas más saludables, en las que cada trayecto contribuya a nuestro bienestar.