La inteligencia artificial hace tiempo que ha dejado de ser una tecnología emergente más para convertirse en uno de los principales factores de transformación del ecosistema emprendedor, de la inversión a escala global y de la economía en su conjunto. Según el informe ‘El impacto real de la IA en el ecosistema emprendedor‘, elaborado por South Summit y PwC, la inversión en startups volvió a crecer en 2025 hasta alcanzar los 441.000 millones de dólares, un 26% más que el año anterior, pese a un contexto que estuvo marcado por los elevados tipos de interés, la creciente incertidumbre geopolítica y, como consecuencia de ello, por una mayor prudencia inversora.
Más allá del crecimiento del volumen total de la inversión, el informe subraya que lo más interesante es el cambio profundo en su composición. En 2025, el capital se concentró en compañías con modelos de negocio más sólidos y, de forma muy notable, en aquellas vinculadas a la inteligencia artificial. Desde finales de 2022 —cuando se produjo el lanzamiento de ChatGPT, que alcanzó los 100 millones de usuarios en apenas dos meses—, la IA ha pasado de ser una apuesta más a convertirse en el principal polo de atracción del capital riesgo.
Los datos hablan por sí solos. En 2022, las startups de IA captaban el 30% de la inversión global de capital riesgo y en 2025, apenas tres años más tarde, esa proporción se eleva hasta el 61%. Esta concentración refleja un ajuste en los criterios de los inversores, que ya no buscan únicamente el crecimiento, sino detectar tecnologías capaces de redefinir sectores por completo y construir ventajas sostenibles en un mundo cada vez más competitivo.
El arranque de 2026 parece que refuerza esta tendencia. El primer trimestre ha registrado el mejor inicio de los últimos años en volumen de inversión, impulsado principalmente por mega-rondas vinculadas a compañías de IA generativa. Este proceso de concentración tiene efectos directos sobre el conjunto del ecosistema: una parte significativa del capital se está dirigiendo a un número reducido de compañías, lo que deja menos espacio de financiación para otros segmentos y sectores.
En este contexto, también es interesante destacar cómo las startups que integran IA están presentando valoraciones superiores a las de sus equivalentes tradicionales. En rondas de financiación de tipo Serie A —la fase en la que la empresa ya ha validado su producto y comienza a escalar—, la valoración puede situarse de media en torno a un 38% por encima de compañías similares que no incorporan IA, según el informe. Esta prima refleja la confianza del mercado en el potencial de crecimiento y en la ventaja competitiva que otorga esta tecnología.
Desde el punto de vista geográfico, el liderazgo sigue concentrado en Estados Unidos. En 2025, EEUU y Canadá impulsaron el crecimiento global, mientras que Europa mostró también un mayor dinamismo, aunque todavía a menor escala. La inversión en startups en el viejo continente alcanzó los 64.000 millones de dólares, un 16% más que en 2024, frente a los 289.000 millones registrados en la primera potencia mundial.
Dentro de Europa, el despliegue de la inteligencia artificial presenta cierta especialización sectorial, con un mayor peso en verticales como salud, defensa, ciberseguridad o servicios financieros. España parte de una buena posición de inicio. En 2025, el número de operaciones de inversión en startups creció un 11% y se movilizaron 3.108 millones de euros. Aunque el volumen de inversión descendió un 3% frente al año anterior, no está impidiendo que el ecosistema español mantenga una posición relevante ante la irrupción de la IA. De hecho, el informe sitúa a España como el quinto país europeo en captación de fondos para startups de IA desde 2020, con 1.600 millones de euros invertidos en compañías de este ámbito y un tejido compuesto por casi 400 startups especializadas, con especial presencia en áreas como seguridad y defensa, finanzas (Fintech), cumplimiento normativo (RegTech), salud digital o ciberseguridad.
A pesar del protagonismo evidente de la IA en las decisiones de inversión, el informe pone de manifiesto una brecha significativa entre su potencial y su uso efectivo en el día a día de las organizaciones. Aunque el 88% de las empresas utiliza ya la inteligencia artificial en al menos una función de negocio, su adopción real sigue siendo limitada en muchas áreas clave. En funciones de apoyo como IT, recursos humanos o atención al cliente, únicamente el 22% de los empleados la utiliza de forma activa.
Esta diferencia entre la capacidad tecnológica a nuestra disposición y su aplicación práctica real introduce un factor adicional en la evolución del ecosistema emprendedor. La inversión está anticipando un potencial que todavía no se ha trasladado plenamente a la operativa empresarial. Pero, lejos de ver el vaso medio vacío, deberíamos tener en cuenta que la capacidad de cerrar esta brecha se convertirá en uno de los grandes vectores de competitividad en los próximos años.
En resumen, los datos describen un mercado en transición. La inversión crece, pero se concentra; la inteligencia artificial gana peso como destino prioritario del capital; y la adopción empresarial avanza a un ritmo más gradual de lo que permitirían las tecnologías disponibles. En este escenario, el desarrollo y la aplicación efectiva de la IA se consolidan como uno de los ejes centrales en la evolución del ecosistema emprendedor, tanto a escala global como en España.