El pádel vive un auténtico boom global y se ha consolidado como uno de los deportes de mayor crecimiento en el mundo. Su expansión se refleja tanto en el aumento exponencial del número de practicantes como en la apertura constante de nuevas pistas y clubes en mercados cada vez más diversos, desde Europa hasta Estados Unidos, Asia y Oriente Medio. Con más de 58.300 pistas (+16%), cerca de 20.000 clubes y 19,4 millones de jugadores en todo el mundo, este fenómeno ya no responde solo a una moda deportiva, sino a una tendencia estructural con implicaciones económicas, sociales e incluso urbanísticas. En este contexto, el Global Padel Report 2026, elaborado por Playtomic, la comunidad más grande del mundo de clubes y jugadores de deportes de raqueta, junto con Strategy&, la consultora estratégica de PwC, analiza cómo la industria del pádel está despertando, también, la atención de los inversores inmobiliarios.
El informe revela que el pádel empieza a consolidarse como un activo inmobiliario en sí mismo, atrayendo el interés de inversores por el comportamiento de sus fundamentales: ocupación, margen bruto y el retorno de la inversión. Su presencia tiene la capacidad de activar espacios, mejorar el rendimiento de activos ya existente y reforzar la competitividad de proyectos residenciales, hoteleros y de ambos usos.
España, el gran mercado
España se mantiene como el mayor mercado de pádel del mundo, con 17.400 pistas, y lidera la integración de este deporte en desarrollos residenciales, resorts y proyectos de uso mixto, donde las pistas empiezan a consolidarse como una amenity habitual. Aunque el crecimiento de este mercado se ha moderado (+1,9% en 2025), reflejando una fase de madurez, las oportunidades se encuentran ahora en la optimización de la ocupación, la profesionalización de la gestión y el desarrollo de modelos de club capaces de generar ingresos recurrentes.
La presencia de pistas en promociones residenciales se ha extendido en los mercados donde este tipo de equipamientos forma parte de la oferta habitual de servicios comunitarios. Los proyectos que incorporan zonas compartidas encuentran en el pádel un recurso que mejora la percepción del conjunto y acelera la comercialización. La frecuencia de uso y la facilidad de gestión explican su adopción por parte de promotores que buscan añadir valor sin aumentar la complejidad operativa.
En el ámbito hotelero, la instalación de pistas permite ampliar la oferta deportiva y atraer perfiles que buscan actividades organizadas durante su estancia. Este uso complementa otros servicios del complejo y contribuye a diversificar la demanda. En destinos turísticos, además, ayuda a reducir la estacionalidad y refuerza el posicionamiento del activo dentro de un segmento de ocio activo en expansión. Según el informe, esta integración se está consolidando en cadenas que buscan aumentar la utilización de sus instalaciones y mejorar la experiencia del cliente.
En desarrollos mixtos y parques comerciales, el pádel se utiliza para activar espacios infrautilizados. La conversión de naves, cubiertas o instalaciones deportivas en declive en clubes de pádel genera un flujo constante de usuarios y mejora la visibilidad del conjunto. A diferencia de modelos más pasivos basados en el alquiler tradicional, estos clubes permiten diversificar ingresos a través de reservas de pista, clases, torneos, restauración, eventos corporativos o patrocinios, contribuyendo a la revalorización del activo principal.
Este modelo se apoya además en una elevada recurrencia de uso: según el informe, los clubes podrían llegar a alcanzar alrededor de un 70% de ocupación media, un 55% de margen bruto y un retorno de la inversión en torno a tres años, cifras que explican el creciente interés inversor. Un ejemplo reciente es la adquisición por parte del fondo francés Alderan de un centro de pádel en Madrid, por cuatro millones de euros, reflejo del interés de inversores institucionales por este tipo de activos.
Nuevos modelos de inversión y mayor profesionalización
La forma de invertir y operar en este ámbito está cambiando, cada vez es más habitual separar la propiedad del activo de su gestión diaria. El modelo PropCo–OpCo permite que la titularidad del inmueble permanezca en manos del propietario mientras la explotación se delega en operadores especializados, que trabajan con procesos más eficientes y digitalizados. Esta estructura abre la puerta a perfiles inversores distintos, desde quienes buscan estabilizar activos hasta quienes se orientan a transformar espacios con potencial de mejora.
El sector también avanza hacia una mayor profesionalización. Los operadores con varias ubicaciones, apoyados en datos y en procedimientos estandarizados, están ganando terreno frente a modelos más fragmentados. La digitalización del proceso de reserva, la gestión dinámica de precios y el análisis de la demanda —impulsados por plataformas como Playtomic— permiten optimizar la ocupación y maximizar la rentabilidad de cada pista.
Además, el auge del pádel responde a un cambio en los hábitos sociales. Los clubes han evolucionado hasta convertirse en espacios de encuentro donde conviven deporte, ocio, networking y comunidad. Afterworks, ligas amateur, torneos de empresa o eventos corporativos forman ya parte habitual de la experiencia, incrementando la frecuencia de uso y ampliando el consumo más allá de la práctica deportiva.
La integración del pádel en activos inmobiliarios exige, en cualquier caso, una planificación coherente con la estrategia del proyecto. La ubicación de las pistas, su relación con las zonas comunes y la capacidad de generar servicios complementarios influyen en el rendimiento del activo. En hoteles y resorts, la coordinación con la oferta deportiva es determinante; en desarrollos mixtos, la conexión con la restauración y el comercio resulta clave para activar el flujo de usuarios.
En definitiva, su capacidad para generar uso recurrente, activar espacios y construir comunidad sitúa al pádel como una de las verticales con mayor impacto en la transformación de activos inmobiliarios. La cuestión ya no es si incorporarlo, sino cómo hacerlo de forma coherente con la estrategia del activo y con las expectativas de quienes lo utilizan.