Ocho meses después del estallido del conflicto bélico entre Irán e Israel ya se perciben claramente sus consecuencias económicas en forma de una inflación que será “estructuralmente alta”, y que se mantendrá durante un tiempo. Es decir, no parece que sea un episodio pasajero ni siquiera que se solucione con rapidez cuando termine el enfrentamiento militar. El Consenso Económico y Empresarial, correspondiente al cuarto trimestre de 2026, y que desde 1999 elabora PwC a partir de un panel expertos, empresarios y directivos, se ha dedicado a analizar la evolución de la inflación y de la política monetaria, en España, la UE y en el contexto internacional. A continuación, las principales conclusiones.

En la primera pregunta del cuestionario, a partir del cual se realiza el informe, se pide calificar el repunte de la inflación que se está viviendo en España. El 52% de los encuestados considera que “estamos ante el inicio de una fase de inflación estructuralmente más alta, que se mantendrá durante un tiempo, que el BCE tendrá dificultades en abordar”. Por contra, el 25%, es más optimista y piensa que estamos “ante un episodio pasajero ligado principalmente al shock energético derivado de la situación de Oriente Próximo”. Solo un 15% estima que es “un riesgo manejable si el BCE actúa con firmeza”. La opinión mayoritaria de los panelistas coincide con buena parte de los analistas que están convencidos de que la economía española ha entrado en una fase de inflación alta, si bien el próximo año las tasas podrían descender por el efecto base de este ejercicio.

La siguiente cuestión aborda la diferencia entre la inflación española (el índice de precios de consumo armonizado), que es del 5%, frente al 3,8% de la eurozona. De nuevo, casi la mitad, el 47%, dice que la brecha “se explica principalmente por el dinamismo de la demanda interna y del turismo, que presionan al alza los precios”. Un 41% apunta que los precios de los productos energéticos son los culpables. No obstante, el encarecimiento de los combustibles no es algo exclusivo de España y está empujando el IPC, considerado el más injusto de los impuestos porque grava por igual a las rentas bajas como a las altas.

Una mayoría de expertos indica que la combinación de energía, alimentos y servicios podría hacer que la inflación fuese más persistente y difícil de reconducir.

La tercera cuestión aborda los efectos más preocupantes de esta situación de cara a los próximos meses. Las respuestas están divididas casi a la mitad: el 41% marca “la presión al alza sobre los salarios y el riesgo de una espiral precios-salarios”, como lo peor, mientras que el 34% considera que puede llegar “una nueva subida del coste de la cesta de la compra y del gasto en alimentación, con una inflación de los alimentos no elaborados en el 5,8%”. Lo cierto es que ambas respuestas no son excluyentes, como se está viendo con el paso del tiempo.

A continuación, se aborda el panorama que supondría que la inflación fuera superior al incremento salarial y sus efectos en los hogares. El 45% calcula que habrá “un impacto desigual en los hogares en función de su nivel de renta, capacidad de ahorro, estructura de gastos y posibilidad de negociar aumentos salariales”. Un 39% apunta directamente a una “pérdida de poder adquisitivo, si los precios crecen más que las rentas, con un posible ajuste del consumo y del ahorro”. Por último, para el 10% lo que sucederá será que habrá “mayor presión para reclamar incrementos salariales, lo que podría contribuir a recuperar capacidad adquisitiva, aunque también elevar los costes empresariales”. Estas situaciones, unidas a la carestía de la vivienda, tanto para comprar como para alquilar, explican el malestar social actual, que no parece solucionable a corto plazo.

Existe más unanimidad cuando se pregunta por los componentes del IPC que podrían ejercer mayor presión al alza en los próximos meses. El 63% indica que será “una combinación de energía, alimentos y servicios, que podría hacer que la inflación fuese más persistente y difícil de reconducir”. Un 30% señala solo que los impulsores serán “energía y carburantes, cuyas subidas pueden trasladarse al coste de producción y transporte de numerosos bienes y servicios”. Las respuestas son coherentes con las opiniones manifestadas anteriormente por los encuestados.

Si se baja más al detalle para preguntar por los efectos de la inflación en los salarios, la división de opiniones es completa, casi en tres tercios. La opinión con más seguidores, para el 39%, es que “los salarios crecerán por debajo de los precios, provocando una pérdida de poder adquisitivo que podría afectar al consumo”. A continuación, están quienes piensan, el 31%, que el mayor efecto será que “las subidas de los salarios alimenten los efectos de segunda ronda en costes y precios, especialmente en determinados sectores”. Otros, el 27%, esperan un impacto “muy desigual, dependiendo de la capacidad de negociación de los trabajadores, la productividad, los convenios colectivos y la situación de cada sector”. Por último, aunque sea un grupo pequeño, del 3,4%, cabe destacar los que consideran que los sueldos recuperarán “buena parte del poder adquisitivo perdido por la inflación”.

La subida de los tipos de interés ha repercutido en el euríbor, el índice que marca el precio de las hipotecas variables, elevándolo hasta el 3,24% en septiembre. ¿Qué impacto puede tener en el mercado de la vivienda?, se preguntó. No hay muchas dudas: para el 66% “el problema de fondo de los precios de la vivienda es la falta de oferta, por lo que el euríbor es un factor secundario”. Para el 19% de los encuestados, lo que pasará será que “frenará la compraventa de viviendas, al encarecer las cuotas de las hipotecas a tipo variable”. En España esta actividad ha caído un 2,3% en los ocho primeros meses de 2026, respecto al mismo periodo de 2025, según los últimos datos del INE, publicados en octubre.

El Banco Central Europeo concentra todas las miradas en esta crisis inflacionaria, tras subir los tipos (la facilidad de depósito) hasta el 2,5%. Para el 76% la decisión es “acertada y necesaria” para anclar las expectativas de inflación, aunque algunos piensan que llega tarde. El 15% indica que será contraproducente porque “penaliza el crecimiento sin atajar el shock de oferta provocado por el conflicto en Irán. Para el resto, “la decisión tendrá un impacto limitado sobre la economía real”.

Y ¿qué pasará en los próximos meses con los tipos? El 86% apuestan por mayores subidas hasta final de año, aunque dependiendo del ritmo que lleve la inflación. El 15% espera una pausa en la escalada, incluso con recortes en 2027. Lo cierto es que los mercados ya descuentan, al menos, una subida más antes de final de año.

A modo de resumen, el cuestionario concluye preguntando por el escenario más probable para 2027 asumiendo que los precios del gas y el petróleo no van a mejorar de forma significativa. Los empresarios y directivos, en un 53%, esperan “una inflación persistente, con tipos elevados durante más tiempo ante una nueva ronda de tensiones geopolíticas que también presionarán al alza los tipos”.

Sin embargo, el 35% dice que “se producirán divergencias entre países fruto de efectos de segunda ronda y tensiones sobre la prima de riesgo de aquellos con mayor inflación y posiciones fiscales más delicadas”. Esta es la situación que se está viendo en los mercados, donde Francia está siendo más castigada que el resto de los países de la zona euro. El 13% espera una desinflación gradual, con tipos estables o a la baja. La encuesta refleja la situación de los mercados y, sobre todo, la gran incertidumbre que rodea al futuro, producto, entre otros factores, de las guerras que persisten en Ucrania y Oriente Próximo, cuyo final es una incógnita.