Un mes después de la celebración del Mobile World Congress de Barcelona, el evento más importante de la industria de las telecomunicaciones a nivel mundial, es un buen momento para hacer un análisis sosegado de los desafíos y las oportunidades que se abren en este sector, que genera cada año entre el 4% y el 5% del PIB global. En términos generales, los datos sobre el futuro no son demasiado alentadores: los ingresos de las ‘telecos’ están estancados, con un crecimiento previsto de tan solo el 2,9% anual entre 2023 y 2028, por debajo de la inflación prevista, según recoge la encuesta Global Telecom Outlook 2023-2028 que elabora anualmente PwC. Los ingresos promedio por usuarios también han disminuido y se espera que lo sigan haciendo en los próximos cinco años. Entre las razones se encuentra la saturación del mercado y la incertidumbre acerca de nuevas fuentes de ingresos como el 5G o el Internet de las Cosas.
La realidad es que los servicios que ofrecen las operadoras de telecomunicaciones se están convirtiendo en una commodity, lo que limita la capacidad de las empresas para diferenciarse y para fijar precios más altos. Los costes están aumentando, especialmente la energía y la mano de obra, y cada vez es más difícil poder trasladar el incremento los clientes. En este contexto, ha irrumpido con fuerza la Inteligencia Artificial (IA), que está transformando prácticamente todos los sectores de la economía. Sin embargo, para las ‘telecos’ la IA no es una opción más o una oportunidad para disponer una nueva fuente de ingresos, sino un imperativo para aquellas empresas que quieran seguir teniendo voz a medio y largo plazo.
Los primeros resultados de la inversión en IA son prometedores. Por ejemplo, la encuesta de PwC pone de manifiesto cómo algunas empresas del sector ya están consiguiendo una reducción de entre el 10% y el 30% en el tiempo de desarrollo de nuevo software y mejoras significativas en la atención al cliente, aunque estos beneficios serán sólo la punta del iceberg. La verdadera transformación de las ‘telecos’ se producirá de la mano del despliegue de una “red de IA”, una infraestructura integral que combinará conectividad avanzada, capacidad de computación masiva y soluciones energéticas sostenibles. ¿El inconveniente de esta nueva infraestructura? Es necesaria una inversión milmillonaria para ponerla en marcha. Sin embargo, la alternativa será mucho más costosa: la irrelevancia.
Internet, tal y como lo conocemos, es insuficiente para sustentar una economía basada en la IA. Aunque no solo las empresas de telecomunicaciones se beneficiarán de la construcción de la “red de IA” mencionada, ya que también entrarán en liza los proveedores de servicios en la nube, los centros de datos e incluso compañías energéticas y de infraestructuras, también es cierto que las empresas de telecomunicaciones están en una posición única para liderar el camino a seguir. Primero, porque saben desplegar y operar las infraestructuras de red a escala nacional. Segundo, porque tienen en propiedad o arriendan gran cantidad de bienes raíces que pueden reutilizarse o reinventarse para crear grandes centros de datos o almacenar energía. Y tercero, porque estas compañías son expertas en mejorar la cobertura y la capacidad de las redes, gracias a su control de la conectividad.
Si aterrizamos en España, los desafíos de las ‘telecos’ nacionales son similares a los que afronta el sector a nivel global. Las empresas nacionales también afrontan una presión creciente tanto a nivel de costes como de ingresos para diferenciarse, en un mercado cada vez más competitivo. Aunque el despliegue del 5G, una tecnología imprescindible para el desarrollo de la IA, ya está en marcha, ahora el reto es cómo monetizar la inversión: aunque está previsto invertir más de 5.000 de millones de euros en espectro e infraestructuras, los ingresos generados aún están lejos de compensar la inversión inicial. Toda la confianza está puesta en cómo el 5G puede ayudar a transformar otros sectores como la industria, la educación, y la sanidad o convertir las ciudades en Smart Cities, donde las grandes urbes sean capaces de aprovechar todo el potencial que ofrecen las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) para promover un desarrollo sostenible y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
En resumen, la forma de generar ingresos en el sector de las telecomunicaciones ya no será la tradicional: tarifas móviles y servicio de internet. El valor diferencial debe ir mucho más allá: sin descuidar las fuentes de ingresos principales, es necesario poner el foco en la Ciberseguridad, Big Data, Cloud Computing, Internet de las Cosas, Realidad Aumentada, Realidad Virtual y, por supuesto, en todas las oportunidades que se abren gracias a la IA, que es una tecnología transversal que lo revolucionará todo.
Pero el sector no puede afrontar todos los retos que hay encima de la mesa solo. El presidente de Telefónica, Marc Murtra, sumándose a las demandas de muchos otros directivos del sector durante los últimos años, ha reclamado a las autoridades comunitarias en el MWC nuevos pasos para que Europa quede relegada frente a China y EEUU: “Es tiempo para las compañías europeas. Debemos ser conscientes de que la excesiva fragmentación de las telecos europeas, el exceso de regulación y la insuficiente rentabilidad del sector han lastrado a Europa, que se ha quedado rezagada tecnológicamente”.