Durante siglos, si no milenios, la industria minera ha sido la base sobre la que se construía la economía mundial, proporcionando materias primas esenciales para las diversas industrias y contribuyendo de manera significativa a la creación de riqueza. En un contexto en el que se están produciendo grandes transformaciones en nuestro planeta (que afectan a la demografía, a la tecnología, a la energía, etc.), la demanda de los productos extraídos de la tierra seguirá siendo fundamental.

Sin embargo, a excepción de las mineras de oro, 2024 no fue un buen año para esta industria en términos generales: los ingresos de las 40 principales empresas mineras mundiales (excluyendo, como decíamos, las centradas en el oro) cayeron un 3% y el Ebitda (beneficios antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones), un 10%. Por el contrario, las mineras de oro dispararon sus ingresos un 15% y su Ebitda un 32% gracias al aumento de la cotización récord de esta materia prima.

El informe ‘Mine 2025: concentrating on the future‘ elaborado por PwC, examina cómo generar valor a medida que las transformaciones en las que estamos inmersos determinan la evolución de la oferta, la demanda y de la inversión. Por ejemplo, el documento expone cómo, a pesar del importante crecimiento de las fuentes de energía renovables, el carbón siguió representando el 35% de la electricidad total generada en 2024. Asimismo, la energía nuclear (que depende del uranio) representó el 10%. Pero las oportunidades no se acaban aquí: se abren nuevas ventanas ya que la minería desempeña un papel fundamental en el suministro de los minerales esenciales imprescindibles para obtener energía renovable y para las tecnologías de almacenamiento, así como para la infraestructura de transmisión y distribución.

El reciente informe ‘Value in Motion’ de PwC ponía sobre la mesa cómo los sectores tradicionales están siendo sustituidos por nuevos dominios de crecimiento. En este escenario, están surgiendo nuevas oportunidades donde la minería seguirá teniendo un papel fundamental. Porque ya no estamos hablando de la contribución que realiza a la industria del automóvil, de la alimentación o de la salud, sino que el enfoque debe ser cómo contribuye esta industria a las necesidades humanas fundamentales: cómo nos movemos, cómo nos alimentamos, cómo nos cuidamos, cómo construimos o cómo fabricamos. Veamos sus aportaciones:

  • Cómo nos movemos. Aunque los metales del grupo del platino siempre han tenido un rol fundamental en los catalizadores de automóvil para reducir las emisiones de los vehículos de combustión, seguramente su papel disminuirá cuando estos coches sean sustituidos por su alternativa eléctrica. Sin embargo, la nueva movilidad también demanda materias primas como el litio, cobalto, fosfato, níquel o manganeso, que son imprescindibles para las baterías.
  • Cómo nos alimentamos. A medida que la necesidad de alimentos continúa aumentando con el crecimiento de la población y la urbanización, los materiales extraídos, como los fertilizantes, serán aún más cruciales para mejorar la salud del suelo y aumentar los rendimientos agrícolas. El fosfato es esencial en la producción de fertilizantes a base de fósforo, que sustentan la producción mundial de cereales y hortalizas. Las sales de potasio se utilizan para producir fertilizantes que mejoran la resistencia a la sequía y son esenciales para los cultivos alimentarios mundiales como el trigo, el maíz, la soja y el arroz.
  • Cómo nos cuidamos. En el sector de la salud, el papel de la minería va mucho más allá del oro y la plata que se encuentran en los empastes dentales. La industria proporciona minerales y recursos esenciales que se utilizan en la investigación y el desarrollo de equipos y dispositivos médicos, así como en su producción. El titanio, el cobalto, los PGM y el níquel se utilizan en la fabricación de herramientas quirúrgicas, implantes, prótesis, fresas dentales y otros instrumentos. El uranio desempeña un papel vital en la producción de radioisótopos médicos utilizados en equipos de imagen avanzados, como máquinas de resonancia magnética y escáneres de tomografía computarizada.
  • Cómo construimos. El acero (mineral de hierro, manganeso y carbón metalúrgico), el cobre, el aluminio, el zinc, el estaño y el níquel son necesarios para la construcción de edificios en entornos urbanos. Los agregados como la piedra caliza para el cemento, la piedra, la arcilla y la arena son vitales para carreteras, puentes, edificios y otros proyectos de construcción.
  • Cómo fabricamos. Prácticamente todos los productos manufacturados contienen insumos de la minería. El oro se utiliza en artículos de lujo discrecionales, como joyas. El acero inoxidable es un insumo clave para dispositivos grandes y pequeños, desde electrodomésticos de cocina hasta equipos industriales masivos. Y una gama de metales se despliega en la fabricación de aviones, tecnología espacial y sistemas de defensa.

El informe también apunta que, en un mundo cada vez más interconectado y dependiente de los recursos minerales, el riesgo de concentración en la industria minera presenta desafíos y oportunidades para países y empresas. Por ejemplo, la alta concentración de producción y procesamiento en lugares como China y la República Democrática del Congo subraya la vulnerabilidad del suministro global ante riesgos geopolíticos y naturales. Ante esto, las iniciativas para diversificar la producción geográfica y las inversiones en tecnología ofrecen una posible mitigación de estos riesgos críticos. Por ejemplo, gobiernos como los de Australia, Canadá y Estados Unidos están impulsando estrategias para diversificar la producción de minerales críticos y garantizar un suministro más fiable.

Sin duda, la colaboración emerge como una solución vital para navegar ante los desafíos. Las empresas mineras tienen el reto de colaborar con gobiernos, comunidades e instituciones académicas para impulsar la innovación, mejorar la infraestructura y atraer a una nueva generación de trabajadores a la industria. En un contexto internacional donde la demanda de minerales seguirá siendo alta debido al crecimiento poblacional y la transición energética, la cooperación será clave para asegurar un sector minero robusto y sostenible y, al mismo tiempo, seguir contribuyendo al desarrollo económico global.