En 2015, 195 firmantes se comprometieron con el Acuerdo de París, con el objetivo de disminuir las emisiones de carbono y contener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales. Y, cada año, los líderes mundiales se reúnen en la COP para evaluar los avances globales que se van realizando.

La realidad, sin embargo, es bien distinta. No existe una transición energética única y unificada. Más bien, dado que los avances y las estrategias se desarrollan, en general, a nivel nacional, existen múltiples transiciones, que tienen lugar de forma simultánea. Entre los factores que influyen en estas transiciones destacan la complejidad geopolítica, el aumento del consumo energético en las economías emergentes, el rápido crecimiento de los data centres, las preocupaciones sobre el precio de la energía y su importancia para la seguridad nacional. Además, dado que la demanda energética global sigue aumentando, con un crecimiento del 2,2 % interanual en 2024, según la International Energy Agency, la necesidad de comprender la dinámica local de estas transiciones y su contribución a la transición energética global se intensifica.

Algunas tecnologías y soluciones de energía limpia pueden aplicarse en cualquier lugar. Sin embargo, no existe una estrategia uniforme que todos los países puedan o deban emplear para descarbonizarse. Cada nación juega un papel propio en el sistema energético global, afronta un conjunto particular de desafíos, y cuenta con unos recursos singulares. Es esa combinación de circunstancias y capacidades es la que determina la trayectoria y el ritmo de la transición.

Para entender cómo cada país puede aprovechar al máximo su situación actual y continuar avanzando, PwC ha colaborado con Oxford Economics en la creación del ‘Changing Energy Order Index’. Este índice se ha elaborado a partir de datos de fuentes como las Naciones Unidas, la OCDE, el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, junto con las propias previsiones de Oxford Economics. El indicador analiza la situación de los países del G20 a partir de 14 variables distribuidas en cinco áreas clave: progreso de la transición, capacidad de inversión y financiación, estabilidad económica y política, recursos para la transición y ambición de políticas.

Presentamos los datos de dos maneras. Primero, destacamos las puntuaciones agregadas de cada país del G20. (A cada unose le asigna una puntuación entre 0 y 100 según los datos disponibles). El objetivo no es comparar unos Estados con otros con otros. Cada nación se encuentra en una situación única, determinada por sus recursos, su capacidad y el papel que desempeña en el sistema energético global. Estas puntuaciones agregadas reflejan el rol que algunos países juegan actualmente en el suministro de energía al mundo y en la contribución a la transición energética global en el futuro.

En segundo lugar, hemos agrupado a aquellos que tiene ´más afinidad en los cinco temas clave. Este enfoque permite obtener una visión detallada de las fortalezas y vulnerabilidades de cada nación, así como identificar oportunidades para evolucionar y aportar al sistema energético mundial.

Changing Energy Order Index

De nuestro primer análisis surgen varios hallazgos clave:

  • Dada la importancia de la política y de las decisiones gubernamentales en la transición energética, la opinión pública desempeña un papel relevante. Cuatro de los cinco países con mayores niveles de apoyo ciudadano a la transición se encuentran en Europa: Italia, España, Francia y Reino Unido. Esto sugiere que estas naciones podrían optar por ser más proactivas en la implementación de políticas que impulsen la transición energética.
  • La separación económica, es decir, el nivel de independencia de una economía respecto a los combustibles fósiles es elevada en general. Es más alta en Europa, pero también se observa en Asia y Norteamérica. Entre los factores clave para mejorar los resultados en este ámbito destacan el respaldo público y las políticas ambiciosas en Europa, así como los avances tecnológicos en Asia y Norteamérica. Los países más dependientes de los combustibles fósiles enfrentan un desafío considerable para orientar su economía hacia otros sectores.
  • La geopolítica puede condicionar la transición energética. El acceso a recursos naturales críticos depende del comercio, y ningún país posee todos los materiales necesarios. Naciones de gran tamaño, como China, Australia y Estados Unidos, cuentan con mayores dotaciones, aunque aún carecen de algunos recursos indispensables. Estos hallazgos evidencian las complejidades geopolíticas para asegurar materiales vitales para tecnologías renovables, como las tierras raras y el litio, así como los esfuerzos estratégicos de China por invertir y garantizar el acceso a estos activos.
  • La necesidad impulsa la innovación. Los cuatro países con mejores resultados en tecnología e innovación (Alemania, Reino Unido, Corea del Sur y Japón) se encuentran simultáneamente entre los que tienen menor potencial de energía renovable. Su capacidad de adaptación muestra cómo los países pueden invertir de manera intensiva en investigación y desarrollo para superar limitaciones geográficas y ambientales, generando innovaciones que benefician a la transición energética global.

Análisis por grupos de países

Después del análisis país por país es útil hacerlo por grupos de naciones que comparten características comunes, tanto en su economía y en sus recursos, como en la forma en que se desenvuelven en los cinco ámbitos mencionados anteriormente: progreso de la transición, capacidad de inversión y financiación, estabilidad económica y política, recursos para la transición y ambición de políticas. Estos cinco temas ofrecen una visión integral del avance de la transición energética de cada país. Cada tema se calcula a partir de los elementos específicos de una transición exitosa, según se detalla a continuación.

  • Progreso de la transición: emisiones e intensidad energética; electrificación por sectores, mezcla de combustibles y capacidad de energía renovable; crecimiento poblacional; y dependencia económica de los combustibles fósiles.
  • Capacidad de inversión y financiación: capacidad de pago del sector público (niveles de deuda, reservas, calificaciones crediticias, tipos impositivos y recaudación, tasas de interés y dependencia de población de edad avanzada) y capacidad de pago del sector privado (beneficios corporativos y tasas de endeudamiento, ingresos de los hogares, dependencia de subvenciones públicas y gasto en energía).
  • Estabilidad económica y política: riesgos relacionados con incumplimiento soberano, funcionamiento del mercado, inestabilidad monetaria y política.
  • Recursos para la transición: potencial de energía renovable, innovación tecnológica (R&D), entorno empresarial (inversión, educación, infraestructuras y urbanización) y acceso a recursos naturales críticos.
  • Ambición de políticas: ambición política (ambición climática, reducción de emisiones prevista, precios del carbono y objetivos climáticos) y opinión pública sobre la transición energética.

Se identifican seis grupos significativos de países al analizar los datos. Cada uno de ellos está formado por naciones que enfrentan obstáculos comunes para lograr una transición energética completa y comparten atributos que les ayudan a superarlos. Los países agrupados presentan puntuaciones similares en los cinco temas. Cada uno avanza en la transición energética de manera que tiene en cuenta sus desafíos específicos, incluso en un contexto de incertidumbre geopolítica que impulsa a todas las naciones a dar prioridad a la seguridad energética a corto plazo y a mejorar su resiliencia energética. Frente a esas mismas presiones globales, los 20 países incluidos en el análisis de grupos pueden adoptar acciones estratégicas concretas para mantener el impulso de su transición.

1. Países productores estratégicos: Australia, Canadá, Arabia Saudí y Estados Unidos

Los países de este grupo se encuentran entre los mejor posicionados para liderar la transición energética, al tiempo que mantienen seguridad energética a corto plazo. Todos cuentan con grandes economías industrializadas y ricas en recursos, con fuertes vínculos con los combustibles fósiles. Además, tienen acceso a amplios recursos financieros y un entorno empresarial sólido y estable. La transición energética en este grupo se centra principalmente en la política industrial y la diversificación. Estas naciones poseen grandes depósitos de muchos de los materiales necesarios para la transición, suficientes tanto para exportar como para cubrir sus propias necesidades. También disponen de abundantes recursos naturales para desplegar tecnologías renovables.

Dado que estas economías han estado históricamente impulsadas por combustibles fósiles, descarbonizar implica cambios estructurales, sociales y culturales, un objetivo que requiere voluntad política y disposición al cambio. Las diferencias entre estos países se observan en la ambición de sus políticas. Australia y Canadá mantienen compromisos sólidos con la energía renovable. La economía de Arabia Saudí sigue profundamente ligada a la extracción de combustibles fósiles, aunque también canaliza inversiones hacia sectores como la química, la manufactura y los clústeres de hidrógeno para diversificarse. Estados Unidos se encuentra en un período de transición, con divergencias entre el gobierno federal y varios estados respecto a los combustibles fósiles. Los datos de este estudio se recopilaron en enero de 2025, antes de una serie de cambios significativos en la política federal estadounidense, lo que evidencia cómo las decisiones políticas pueden influir en la dirección y el ritmo de la transición energética.

2. Impulsores estratégicos: Francia, Alemania, Italia, España y Reino Unido

Las cinco grandes economías europeas de este grupo han realizado importantes inversiones en tecnologías de energía limpia, a pesar de que sus expectativas de crecimiento siguen siendo algo inciertas. Se destaca en este grupo que la opinión pública sobre la transición energética es más favorable. Todos los países han logrado avances significativos en la reducción de la intensidad de emisiones en los últimos años, pero deben equilibrar los avances con la necesidad de reforzar la resiliencia y la seguridad energética a corto plazo, con combustibles fósiles. Francia es la única en este grupo que cuenta con una industria nuclear madura y extensa, lo que la sitúa en el extremo inferior de intensidad de emisiones dentro de la combinación energética eléctrica.

Las fortalezas financieras tradicionales del Reino Unido y Alemania sugieren que podrían desempeñar un papel relevante en el futuro como acreedores de los esfuerzos climáticos de otras naciones. Aunque la productividad de estas cinco economías se ha visto limitada en los últimos años, las nuevas iniciativas industriales de energía limpia e infraestructura ofrecen una vía de desarrollo, a pesar de que el acceso a recursos naturales siga siendo un desafío. Al mismo tiempo, el aumento de los costes energéticos para los consumidores puede influir en la opinión pública y aumentar la necesidad de activar nuevas subvenciones.

3. Innovadores tecnológicos: Alemania, Japón, Corea del Sur, Reino Unido y Estados Unidos

Este grupo incluye dos de los impulsores estratégicos, un país productor estratégico y dos economías asiáticas maduras. Todos son líderes consolidados en tecnologías e innovación de energía limpia, respaldados por un entorno empresarial sólido y un sector privado adinerado que facilita el acceso a altos niveles de inversión. Sin embargo, las condiciones y oportunidades individuales varían de manera significativa. Japón posee tecnología nuclear avanzada e infraestructura considerable, y ha incrementado su potencial de energía renovable; Estados Unidos y Reino Unido destacan especialmente en energía solar y eólica, respectivamente.

Las poblaciones envejecidas de todos los países de este grupo, especialmente Japón y Corea del Sur, ejercerán presión sobre las finanzas públicas y podrían afectar su capacidad para mantener el liderazgo tecnológico. Una amenaza aún mayor para la transición energética podría provenir de un desacoplamiento del comercio global, que reduciría el intercambio de conocimientos tecnológicos y el acceso a materias primas. De todos estos países, solo Estados Unidos cuenta con un suministro abundante de los recursos naturales necesarios para la transición.

4. Países preparados para la inversión: México, Sudáfrica y Turquía

Los tres países en desarrollo que integran este grupo necesitan atraer inversión para avanzar en sus ambiciones de política energética a largo plazo. Sus economías y sistemas políticos son relativamente estables, pero cada uno enfrenta desafíos específicos que frenan su progreso.

México carece de recursos naturales, más allá de su notable capacidad solar, y su entorno empresarial relativamente débil supone un obstáculo para captar inversión destinada a la transición. Sudáfrica cuenta con objetivos de política muy ambiciosos, aunque carece de la riqueza corporativa o privada necesaria para financiarlos, y los episodios de inestabilidad social han desalentado a los inversores internacionales. Turquía, por su parte, muestra una estabilidad empresarial en mejora, pero depende de la importación de los recursos naturales necesarios para su transición energética.

5. Economías emergentes dependientes del carbón: China, India e Indonesia

Las tres economías de gran población y rápida industrialización que forman este grupo son una pieza clave en el avance de la transición energética global. Aunque dependen en gran medida del carbón para garantizar un suministro estable de energía que sostenga su desarrollo económico, también cuentan con el potencial necesario para avanzar en la transición.

China lidera este grupo por su abundancia de recursos naturales, su inversión en tecnología y su capacidad demostrada para fabricar infraestructura renovable. En India, la necesidad de impulsar el desarrollo industrial de sus 1.400 millones de habitantes mantiene al país vinculado a los combustibles fósiles a corto plazo, aunque sus inversiones en energías renovables aumentarán en el medio plazo. Indonesia dispone de una base económica sólida para la transición, y su menor ambición política podría compensarse con un mayor flujo de inversión internacional en proyectos de energía limpia.

6. Países de alto riesgo y alta recompensa: Argentina, Brasil y Rusia

Este grupo no resulta tan homogéneo como otros. Cada uno de estos países ocupa una posición única y cumple un papel particular en el panorama energético mundial. Rusia se encuentra en una situación muy diferente a la de Argentina y Brasil, aunque sus resultados sean similares. Su economía depende en gran medida de los combustibles fósiles y actualmente está prácticamente fuera del alcance de la inversión internacional debido a la guerra en Ucrania. Aun así, sigue siendo un proveedor clave de petróleo para India y China. Aunque los tres países tienen el potencial de desempeñar un papel relevante en la transición energética, carecen de la ambición política y de la estabilidad económica y política necesarias para atraer inversión.

El renovado compromiso de Brasil con la protección de la selva amazónica, junto con su apuesta por la generación de energías renovables y los biocombustibles, refleja el potencial de este grupo. Sin embargo, aún existe margen de mejora en la electrificación industrial y en la adopción de vehículos eléctricos. En el caso de Argentina, la inversión se ha visto limitada por un prolongado periodo de inestabilidad económica y empresarial.