¿Qué pasaría si repensáramos por completo la forma en que construimos nuestras casas? ¿Y si los lugares donde vivimos y trabajamos ayudaran a reducir las emisiones y permitieran mejorar drásticamente la eficiencia energética? ¿Y si gran parte de las fases de construcción ya no se realizaran en el propio emplazamiento?
En este nuevo episodio del pódcast Take on Tomorrow se analiza cómo estos cambios, impulsadas por empresas que están creando nuevos modelos de colaboración, van a redefinir una industria centenaria, como es la de la construcción de viviendas. Emanuel Heisenberg, CEO y fundador de Ecoworks, explica cómo añadir una “segunda piel” a los edificios existentes puede revolucionar su uso de forma sostenible y rentable. Todo de la mano, como siempre, de Lizzie O’Leary, podcaster y periodista.
EMANUEL HEISENBERG: Si observamos los recursos que dedicamos a desarrollar sistemas de Inteligencia Artificial o automóviles eficientes, y luego los comparamos con los recursos y la tecnología que invertimos en hacer que las viviendas en las que vivimos sean más asequibles, mejores y adaptadas al siglo XXI, el balance es ciertamente extraño. Tenemos que cambiarlo con urgencia. Es posible reducir a una décima parte los costes de construir y poner en funcionamiento una vivienda. No creo que sea una visión lejana, es realmente alcanzable.
LIZZIE O’LEARY: Pero aquí está el punto. Tendencias como la urbanización, la tecnología y la transición climática hacen que tengamos que encontrar una manera de construir mejor y más rápida. Y también hay una oportunidad: la innovación, los nuevos enfoques y los distintos tipos de colaboración están redefiniendo la forma en que construimos. Emanuel, ¿puedes contarnos cómo funciona la tecnología de Ecoworks?
EMANUEL: Ecoworks reforma y renueva viviendas y edificios en muy mal estado para convertirlas en edificios con cero emisiones netas. Primero, transformamos toda la información del edificio en datos: escaneamos la vivienda existente y creamos un gemelo digital. A partir de ahí, construimos una “segunda piel” para la casa. En una renovación tradicional, las empresas envían personas y materiales al lugar de la obra y realizan un proceso complejo para rehabilitar la vivienda. En nuestro caso, trasladamos la mayor parte del trabajo a la fábrica y dejamos que los robots se encarguen de la renovación. Fabricamos los elementos de la fachada y el tejado con materiales de origen biológico, con todo ya instalado, ventanas, aislamiento y tuberías; lo que hace que el proceso sea mucho más sencillo, es como un sistema de “enchufar y listo”.
LIZZIE: Cuando hablas de vuestro enfoque tecnológico, de construir en fábrica y luego enviar al lugar de instalación, creo que eso es muy distinto de cómo la mayoría de la gente imagina tradicionalmente la construcción de viviendas. ¿Cuál es tu argumento para que otros países o mercados adopten este enfoque basado en la tecnología?
EMANUEL: En el sector de la construcción se habla de construcción modular desde hace 20 o 30 años, pero ha llevado dos décadas para alcanzar una mínima cuota de mercado. En el ámbito de la rehabilitación, solo en Europa el mercado supera los 900.000 millones de euros al año. Es enorme, y está dominado en un 99,9% por métodos tradicionales. Lo que ahora está cambiando realmente las reglas del juego son la robótica y el software. Si observas las fábricas con las que trabajamos, son completamente diferentes a las de hace cinco años. Cuando empecé y visité las primeras, apenas había robots. Ahora, la proporción de robótica se está acelerando de forma masiva, y en esas fábricas se ve a muy pocas personas. No son como las de la industria del automóvil, pero avanzan en esa dirección.
LIZZIE: Cuando hablas de robots en una fábrica altamente tecnológica, ¿qué ocurre con los trabajadores que antes realizaban este tipo de tareas?
EMANUEL: Por el momento, si miramos la industria de la rehabilitación, la tasa de renovación en Alemania es inferior al 1%. A este ritmo, se necesitarían más de 100 años para renovar todo el parque inmobiliario. Haría falta entre dos y cuatro veces más mano de obra cualificada para el sector. Pero ya ahora faltan 100.000 trabajadores cualificados en el sector. Así que, en realidad, la robótica libera mano de obra para tareas que aún requieren intervención humana, como la instalación de nuestras fachadas. No se trata de despedir personas, sino de aumentar la productividad, lo que solo trae ventajas.
LIZZIE: Es como si, imaginando un diagrama de Venn, tuvieras una empresa tecnológica y una constructora, y vosotros estuvierais justo en el medio. ¿Qué habéis aprendido al combinar estos dos enfoques tan distintos bajo un mismo techo?
EMANUEL: Hemos aprendido mucho. Al principio, hicimos muchas cosas sin un proceso estructurado, perdimos dinero en el camino y ahora haríamos algunas cosas de manera diferente. Pero es necesario asumir riesgos, y hay puntos de inflexión en los que grandes actores entran en tu juego y comienzan a crear una plataforma. Por ejemplo, nuestro mayor proveedor es una de las tres mayores empresas de producción de casas prefabricadas en Europa. Ellos aportan mucha innovación, que ahora también beneficia a nuestro modelo de negocio. Esto es similar a lo que ocurre en la industria eólica, donde muchos proveedores innovaron en las palas o en componentes de software, haciendo que el modelo de negocio sea cada vez más rentable. Esto hace que el modelo resulte más atractivo para el cliente, porque sabe que los costes no aumentarán, sino que, en gran medida, disminuirán
LIZZIE: Me imagino que tienes que involucrar a muchos socios en este trabajo. ¿Puedes contarme un poco sobre las colaboraciones en las que estás trabajando, con empresas o personas, de formas que podrían sorprenderme?
EMANUEL: Sí, al final empiezas a transformar un negocio muy conservador y tradicional. Entré como un externo, procedente del sector energético y de energías renovables al mundo de la construcción, y me tomó un par de años crear una nueva industria aquí, al menos en Alemania. Al principio, hay que asumir muchos riesgos, porque los proyectos son complejos, y, por supuesto, el cliente no quiere asumirlos. Así que tú tienes que asumirlos y convencer al primer proveedor. Pero después de un tiempo, la cadena de suministro ve que eres un socio interesante. Esto se convierte en un gran punto de partida, porque muchos proveedores se acercan a nosotros, y también instituciones de investigación que quieren colaborar para crear nuevos componentes o sistemas para esta industria.
LIZZIE: Antes de Ecoworks trabajaste geotermia y energía descentralizada. ¿Qué experiencia y conocimientos de esas áreas se pueden aplicar a la construcción?
EMANUEL: Aún hay un choque de culturas, incluso dentro de nuestra empresa: los expertos en software son muy diferentes a los profesionales de la construcción tradicional, que también necesitamos. Pero creo que el sector realmente necesita personas externas, con enfoque en software y datos, para transformarlo. También necesitamos gente con experiencia en clima, porque al final, el sector consume el 36% de las emisiones globales. En Alemania, por ejemplo, más del 50% de los residuos proviene de este sector, y solo reutilizamos el 1% de los materiales. Por eso contamos con personas que conocen como el clima está transformando la industria.
LIZZIE: Cuando hablas de renovación y construcción nueva, y del mercado de rehabilitación, hay millones de edificios en los que teóricamente se podría aplicar esta tecnología. ¿Cómo se pasa del punto en el que estamos a ese escenario? ¿Qué tendría que hacer la sociedad para beneficiarse de este tipo de tecnología? Y supongo que también, ¿qué obstáculos se interponen en el camino?
EMANUEL: Si miramos la renovación potencial que tendríamos que realizar para alcanzar la neutralidad climática en Alemania, estamos hablando de entre 1.500 y 3.000 mil millones de euros en los próximos 20 años. Mucho más de lo que realmente podemos permitirnos. Por eso creo que no es una cuestión de potencial, sino de qué viviendas necesitan la renovación con mayor urgencia. Además, debemos enfocar los recursos de manera eficiente para crear viviendas asequibles y climáticamente neutras. Si observas los recursos que dedicamos a sistemas de inteligencia artificial eficientes o a automóviles eficientes, y luego los comparamos con los que invertimos en hacer que las casas en las que vivimos sean asequibles y adecuadas al siglo XXI, es una decisión muy extraña. Y esto se debe a que dependemos de un sector muy atrasado y lento, el sector de la construcción. Además, los organismos regulatorios y el gobierno realmente no entienden la construcción. Por eso debemos cambiar urgentemente esta situación.
LIZZIE: Si vives en uno de estos edificios, digamos que eres inquilino de uno de tus clientes, ¿cómo cambia tu experiencia después? ¿Notas algún cambio como residente?
EMANUEL: Por supuesto, después de completar un proyecto, no visitamos estas viviendas muy a menudo, porque requieren prácticamente cero mantenimiento. Los elementos prefabricados de fachada y tejado tienen una calidad tan alta que extendemos la vida útil de los edificios entre 70 y 100 años. Pero si vuelvo y me encuentro con los inquilinos, por ejemplo, estuve en un sitio en Bochum, en el oeste de Alemania, me topé con una mujer mayor y le pregunté: “¿Cómo fue el invierno? ¿Cómo es vivir en esta casa?” Y me dijo que el alquiler apenas había cambiado, un poco más alto, pero que los costes de energía habían bajado porque no encendió la calefacción ni una sola vez ese invierno. Esto es típico en nuestros proyectos y me enorgullece como fundador ver un impacto tan concreto.
LIZZIE: Si miras dentro de una década o incluso más, ¿crees que la forma en que construimos habrá cambiado significativamente en diez años?
EMANUEL: Espero que tengamos una buena estrategia regulatoria y que existan grandes empresas, diez o cien veces más grandes que la nuestra actualmente, que permitan reducir los costes de vivienda asequible mediante construcción nueva y rehabilitación en diez veces. Creo que es perfectamente factible. Si solo miras el coste de los materiales que realmente ensamblamos, no es un problema. El reto está en la logística extremadamente compleja, los costes de mano de obra y los procesos son muy complicados. Al final, necesitamos una pirámide de cadena de suministro como en la industria automotriz. Así, sería posible reducir a una décima parte el coste de construir y operar un apartamento. Esta es la visión que necesitamos, y, por supuesto, estos apartamentos deberían ser climáticamente neutros o incluso producir más energía de la que consumen. No es una visión lejana, es alcanzable. Cuando empecé como fundador en el ámbito climático, hace 18 años, el coste de la energía eólica y solar era impensable comparado con los costes actuales. Soy optimista: en construcción, con el mismo impulso, es totalmente posible.





