La inteligencia artificial (IA) está cambiando la forma de trabajar de las empresas. Se dice que la IA no es el futuro de las empresas, sino que es el presente que define quién llegará al futuro. Por esta razón, desde PwC hemos lanzado ‘El Sensor de la IA‘, una recopilación quincenal de las principales tendencias, proyectos, iniciativas que tienen reflejo en los medios de comunicación, con el objetivo de ayudar a las empresas a orientarse en este campo tan abierto y cambiante. Partimos de la idea de que la inteligencia artificial no sustituye a las empresas, sino que las impulsa a reinventarse. Estamos ante la mayor transformación empresarial de nuestra era y pretendemos ayudar a conocer lo que está pasando para que se puedan tomar decisiones con criterio.

En esta edición de El Sensor de la IA contamos la gran apuesta de los gigantes de la inteligencia artificial por captar unos 400.000 millones de dólares en las próximas semanas. No ha importado la gran incertidumbre geopolítica, ni los problemas económicos que vive Estados Unidos –país al que pertenecen los protagonistas- por la guerra contra Irán. Alphabet reta con una colocación de acciones de 80.000 millones, mientras que SpaceX, Anthropic y OpenAI preparan sus salidas a Bolsa casi al mismo tiempo. Si lo hacen con éxito, impulsarán los mercados y la economía, pero si vuelven los rumores de burbuja tecnológica, el rechazo en cadena podría destruir mucho valor. La apuesta ya está lanzada.

La fiebre de las tecnológicas: Alphabet, OpenAI, Anthropic y SpaceX se lanzan a por recursos en medio del desorden geopolítico

Las grandes tecnológicas están entrando en una fase de hipercapitalización, donde incluso compañías con balances enormes necesitan acudir a por más deuda, emisiones o socios financieros para sostener la carrera de la IA. El gasto desenfrenado de las grandes tecnológicas en inteligencia artificial no se está ralentizando, y en medio de una escasez de liquidez, no disminuye la necesidad de financiación externa, según publicó el semanario estadounidense Barron’s.

Todavía no se conocen las cifras con precisión, pero lo cierto es que en estas semanas Google tiene previsto captar 80.000 millones de dólares, Anthropic unos 100.000 millones con su salida a Bolsa, otros 100.000 millones para OpenAI (o quizás más), y la misma cantidad para SpaceX en el estreno en el parqué el 12 de junio. Estas ambiciosas operaciones corporativas, las mayores de la historia en distintos ámbitos, buscan captar nuevos recursos con los que financiar su crecimiento.

Sin embargo, el país de origen de todas estas compañías, Estados Unidos, lleva más de tres meses en guerra contra Irán lo que ha disparado el precio del petróleo y la inflación; las estimaciones más citadas afirman que ha desplegado en torno a 400.000 militares estadounidenses en la región del Golfo y el área de operaciones y ha gastado unos 29.000 millones hasta principios de mayo, según Reuters. Por otro lado, el encarecimiento energético para los hogares de EEUU se cifra en 100.000 millones de dólares, según Business Insiders.

Esta subida de la inflación y el potencial incremento de los tipos de interés hasta el 4,5% no asusta a los inversores. El imparable avance de la revolución de la inteligencia artificial (IA) ha provocado el estallido de una auténtica disputa financiera, con pugnas entre las grandes empresas del sector para atraer a los inversores. Alphabet, SpaceX, Anthropic y OpenAI han desatado en los últimos días una batalla por el dinero con cantidades nunca vistas.

Alphabet ha anunciado una colocación de acciones de 80.000 millones de dólares (unos 68.730 millones de euros) para financiar su inversión en IA. Es la mayor colocación de títulos de la historia realizada por una compañía en el mercado secundario. A la vez, la matriz de Google y YouTube ha acordado vender acciones por valor de 10.000 millones de dólares a Berkshire Hathaway, el holding fundado por Warren Buffett, mediante una colocación privada, según publicó Cinco Días. Esta inversión, se une a la que hizo en 2025, de 26.000 millones.

La firma presidida por Sundar Pichai ha captado más de 85.000 millones de dólares en deuda, además de generar más de 174.000 millones de flujo de caja operativo; busca hacer frente al mayor esfuerzo inversor de su historia, que incluye un gasto de capital (capex) para para este año de entre 180.000 y 190.000 millones, con una previsión superior para 2027. La matriz de Google se ha situado en las últimas semanas como la segunda mayor empresa del mundo por capitalización bursátil, después de Apple, que vale 4,63 billones de dólares.

Otro de los grandes competidores que ha entrado en acción es Anthropic, que ha presentado su solicitud de salida a Bolsa. La empresa dirigida por Dario Amodei se ha adelantado a su rival OpenAI, que también ultima los preparativos para su estreno en el parqué. El movimiento de Anthropic, igualmente, ha llegado poco después de cerrar una ronda de financiación de 65.000 millones de dólares, la mayor de la historia de la start-up, y una de las más grandes del ranking global. En la transacción, la creadora de Claude y Mythos alcanzó una valoración de 965.000 millones, a un paso del billón.

Si el calendario cumple las previsiones, Anthropic debutará en Bolsa después de SpaceX, la empresa espacial y de IA controlada por Elon Musk, que quiere empezar a cotizar en el Nasdaq el 12 de junio. En el mercado se habla de una captación de recursos de entre 75.000 y 80.000 millones de dólares, con una valoración de entre 1,8 y dos billones. De ser así, protagonizaría la mayor salida a Bolsa de la historia, por delante de la realizada por la petrolera saudí Aramco en 2019.

En esta disputa entra OpenAI, con los inversores ya esperando la presentación de su solicitud de OPV. En marzo cerró una ronda de financiación de más de 122.000 millones de dólares, la mayor de la historia, con una valoración de 852.000 millones. La empresa de Sam Altman, y las otras tres, comprobarán si el mercado está dispuesto a seguir apostando por ellas o la incertidumbre geopolítica les juega una mala pasada.

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Anthropic amplía el acceso a su modelo Mythos a 15 países, entre ellos España

Hace unas semanas, se supo que Anthropic solo iba a compartir Mythos, su potente programa de IA del que se sospecha que si cayera en malas manos podría poner en jaque la ciberseguridad mundial, a un reducido grupo de empresas de Estados Unidos y Reino Unido. Esta decisión levantó una oleada de quejas, al más alto nivel político, desde la Unión Europa hasta los principales países no anglosajones.

Ante esta situación, Anthropic ha rectificado y ha decidido ampliar su proyecto Glasswing, nombre que recibe su iniciativa para parchear agujeros de seguridad con IA donde está Mythos. Según fuentes citadas por el Financial Times, la ampliación esta vez afecta a organizaciones de 15 países, entre ellos España. La decisión consiste en dar acceso a Mythos, que no está en venta, a otras 150 organizaciones de 15 países: Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Francia, Alemania, Italia, España, Suiza, Países Bajos, Bélgica, Suecia, India, Japón y Corea del Sur. También se le dará acceso al programa a la OTAN y a la Agencia de Ciberseguridad de la UE (Enisa).

La compañía da este acceso anticipado a Mythos para que empresas importantes puedan revisar si sus sistemas son vulnerables a este modelo. Así tendrán un margen de tiempo para parchear sus agujeros antes de que Mythos sea abierto a todos los usuarios. Los nuevos miembros con acceso estarán en sectores como la energía, el agua, la sanidad, las comunicaciones y el hardware.

El Vaticano entra en el debate de la IA

La encíclica ‘Magnifica Humanitas‘, firmada por el Papa León XIV, ha revolucionado el complejo mundo de la inteligencia artificial. Centrada en la IA como eje de una nueva “revolución tecnológica” con impacto social, político y moral, la encíclica plantea que la inteligencia artificial no es neutral y debe ser “desarmada” en el sentido de ser liberada de usos que la conviertan en instrumento de dominio, exclusión o violencia.

El Papa enmarca la IA dentro de una nueva revolución industrial comparable a la de finales del siglo XIX, insistiendo en que la tecnología debe permanecer subordinada a la dignidad humana y al bien común, no a la eficiencia ni al poder.

El texto desarrolla una crítica fuerte al “paradigma tecnocrático”, donde las decisiones se rigen exclusivamente por la lógica de eficiencia y acumulación de datos. Advierte sobre la concentración de poder en manos de actores tecnológicos, el riesgo de nuevas formas de desigualdad y la pérdida de autonomía moral del ser humano frente a sistemas algorítmicos cada vez más influyentes. Frente a ello, propone un marco ético global, una gobernanza de la tecnología orientada a la justicia y una recuperación del juicio humano como núcleo de la libertad.

Buena parte del mundo académico han valorado el texto como una actualización potente de la doctrina social de la Iglesia en clave digital, especialmente por su crítica a la concentración de poder tecnológico y su defensa explícita del “bien común”. Algunos líderes del sector tecnológico han mostrado apertura al diálogo, destacando la necesidad de incorporar marcos éticos externos a la industria para guiar el desarrollo de la IA. Intelectuales y analistas culturales han subrayado que la encíclica introduce un lenguaje moral comprensible para el debate global sobre IA, especialmente en torno a riesgos de automatización de decisiones críticas. En España, desde los partidos de la derecha a los de la izquierda han mostrado su apoyo al mensaje del Papa.

Sin embargo, parte del mundo tecnológico y académico laico critica la “moralización” del debate tecnológico desde una institución religiosa, alertando de que puede introducir marcos normativos no democráticos en la regulación de la IA. Algunos expertos en ética y política tecnológica consideran problemático el enfoque de “desarme” por ser ambiguo y potencialmente impracticable en sistemas complejos ya integrados en economía y defensa. También hay voces que cuestionan la invitación de actores religiosos al debate sobre inteligencia artificial, defendiendo que la gobernanza debe mantenerse estrictamente en el ámbito civil y técnico.

El uso de la inteligencia artificial sin permiso en el trabajo puede provocar problemas laborales

Cada vez más empleados recurren a la inteligencia artificial -por su cuenta y sin autorización- mientras están en su puesto de trabajo ya sea para copiar contratos, elaborar informes o redactar escritos. Los expertos laborales advierten de que si no se avisa a la compañía, se está haciendo uso de inteligencia artificial (IA) en la sombra, también conocido como shadow AI. Aunque muchos lo hagan para ser más productivos, esta práctica puede acabar con sanciones o, en los casos más graves, en el despido, según publicó El País.

Cerca de siete de cada diez trabajadores utilizan estas herramientas en su rutina diaria, según un estudio elaborado por la consultora VML The Cocktail y la plataforma Salesforce. Y, en muchos casos, lo hacen sin permiso: al menos el 61% de los empleados reconoce usar este tipo de tecnologías sin el conocimiento ni consentimiento de su empresa.

¿Pueden acabar sancionados? Los expertos dicen que depende de la política interna de cada compañía. También si el hábito del empleado es puntual o reiterado, el cargo que ocupe o las consecuencias que esta costumbre pueda tener para la empresa. El mayor peligro es cuando se vuelca información confidencial de clientes sin garantías de seguridad y protección de datos, según el despacho Sagardoy Abogados. En cualquier caso, esta clase de sanciones suelen ir desde una amonestación escrita hasta la suspensión de empleo y sueldo.

También se podría acusar al empleado de una posible disminución continuada y voluntaria del rendimiento si el uso de IA provoca errores graves o incumplimiento de objetivos, añade el experto. Otra conducta que podría dar pie al despido es atribuirse un trabajo creado totalmente por inteligencia artificial.

Ahora bien, las empresas necesitan acreditar esa mala praxis y, para ello, deben controlar su infraestructura. El problema de este control es que no puede vulnerar los derechos fundamentales, como acceder a un móvil personal, porque la reclamación sería nula y el despido improcedente.

Llegan los hoteles digitales sin recepción y atendidos desde una sala de control centralizada

La adaptación de la IA a los diferentes sectores económicos se está acelerando. Los empresarios analizan las ventajas e inconvenientes de usar la IA para complementar labores de la plantilla o, directamente, sustituirla.

En el sector turístico también se está adentrando la IA. Una de las últimas ideas es de la cadena hotelera española Gaiarooms que busca la automatización y la inteligencia artificial para gestionar sus habitaciones con el mínimo personal posible.

En el lobby del hotel Matilde de Gaiarooms no hay recepcionista. La llave digital llega al móvil del usuario antes de que salga de casa, la documentación se firma digitalmente, y si hay algún problema durante la estancia, una sala de control centralizada lo detecta y lo resuelve para intentar evitar que el huésped tenga que llamar a ningún mostrador, según publicó Expansión.

Gracias a este modelo, la empresa salmantina Gaiarooms ha conseguido hacer rentable un segmento ignorado por los grandes operadores: los hoteles de ocho, diez o doce habitaciones repartidos por los cascos históricos y las calles más céntricas de las ciudades españolas. “Un hotel de pocas habitaciones con personal propio y los gastos de un esquema tradicional solo es rentable si el propietario está al frente del negocio”, explica Enrique Domínguez, CEO y fundador de Gaiarooms.

Hoy, Gaiarooms gestiona alrededor de 150 establecimientos en 13 ciudades españolas y Oporto, en Portugal, con cerca de 1.900 habitaciones en cartera. En 2025, la empresa facturó 18,5 millones de euros, un 45% más que el ejercicio anterior, y el objetivo es sostener ese ritmo de crecimiento en los próximos años hasta alcanzar las 3.000 unidades de alojamiento a finales de este año.

La organización de todas las habitaciones y alojamientos de Gaiarooms se lleva a cabo con telegestión, desde un centro de operaciones. Gracias a los sensores instalados en los alojamientos, los operadores pueden saber si hay problemas con la temperatura de una habitación, incidencias en puertas y cerraduras, fallos en el suministro de agua y una larga lista de variables. Además, cuentan con cámaras en los edificios que permiten a los operadores de los centros de control tener una visión constante de lo que ocurre en las zonas comunes.

Durante la estancia, la misma plataforma permite comunicarse con el equipo de operaciones, consultar información sobre la ciudad o acceder a servicios adicionales. El check-out, la extensión de la estancia o la gestión de objetos olvidados se tramitan también desde el móvil.

¿Y los empleados? Los de la limpieza y mantenimiento siguen haciendo sus funciones, y los que antes estaban en recepción pasan a la recepción digital, pudiendo ayudar en varios hoteles a la vez y siendo más eficientes, dice la firma. De los 300 empleados, más de la mitad se dedican a limpieza y mantenimiento, concluyen.