La inteligencia artificial (IA) está cambiando la forma de trabajar de las empresas. Se dice que la IA no es el futuro de las empresas, sino que es el presente que define quién llegará al futuro. Por esta razón, desde PwC hemos lanzado ‘El Sensor de la IA‘, una recopilación quincenal de las principales tendencias, proyectos, iniciativas que tienen reflejo en los medios de comunicación, con el objetivo de ayudar a las empresas a orientarse en este campo tan abierto y cambiante. Partimos de la idea de que la inteligencia artificial no sustituye a las empresas, sino que las impulsa a reinventarse. Estamos ante la mayor transformación empresarial de nuestra era y pretendemos ayudar a conocer lo que está pasando para que se puedan tomar decisiones con criterio.

En esta edición de El Sensor de la IA contamos la gran paradoja de que las estrellas de los inversores ahora son empresas como SpaceX, OpenIA o Anthropic, que no reportan beneficios y, en algunos casos, como los dos primeros ejemplos, arrastran millonarias pérdidas. Mientras tanto, empresas veteranas y grandes tecnológicas cotizadas (Alphabet, Meta, Amazon, Oracle), han financiado el boom de IA desde negocios muy rentables.

Las nuevas firmas de la IA viven crecimientos explosivos, pérdidas gigantescas y necesidad constante de capital; algunos analistas las relacionan con las telecom en los años 90 o incluso con el boom del ferrocarril en el XIX. Mientras, las big tech usan la IA para mejorar productos existentes, venden infraestructura a las startups IA y rentabilizan el dinero que invertido en activos de largo, no lo “queman”.

Las estrellas de la IA atraen a los inversores, pero siguen en pérdidas, mientras los beneficios brillan en las Big tech

Las luces de los mercados bursátiles parecen deslumbrar a los inversores. Los grandes protagonistas son las grandes empresas de la inteligencia artificial –o relacionada con ellas- que se han estrenado en Bolsa con éxito, como SpaceX, o que lo van a hacer pronto, como Anthropic y OpenIA.

Sin embargo, siguen perdiendo dinero y tienen pensado hacerlo en el futuro porque no parar de invertir gigantescas cantidades de dinero para no quedarse descolgados de la carrera de la IA.

En el otro lado están las gigantes tecnológicas cotizadas (Alphabet, Meta, Amazon, Oracle), que parecen haber perdido el atractivo de antaño, pero son las que de verdad ingresan miles de millones. Incluso se ha dado la circunstancia de que temen que les dejen sin capital porque las nuevas estrellas absorben cientos de miles de millones.

El ejercicio 2025 ha consolidado esta paradoja en el sector de la inteligencia artificial. Entre las denominadas pure AI companies —OpenAI, Anthropic y xAI— el crecimiento de ingresos ha sido extraordinario, pero acompañado de niveles de inversión sin precedentes en capacidad de cómputo, centros de datos, energía, salarios especializados e infraestructuras de inferencia. Como resultado, la rentabilidad está lejos.

OpenAI representa el caso más extremo. Con unos ingresos estimados cercanos a 13.000 millones de dólares en 2025, registró pérdidas operativas de aproximadamente 21.000 millones y pérdidas netas cercanas a 39.000 millones de dólares. Aunque parte de estas cifras responde a ajustes contables y compensaciones en acciones, el dato refleja la enorme intensidad de capital necesaria para mantener el liderazgo tecnológico.

xAI muestra una situación similar. La compañía habría generado unos 3.200 millones de dólares de ingresos, pero acumulando pérdidas operativas de alrededor de 6.400 millones. La estrategia de competir en la frontera tecnológica mediante inversiones masivas en infraestructura ha elevado significativamente su consumo de caja.

Anthropic constituye la excepción relativa dentro del sector. Aunque continúa en pérdidas, su mayor orientación al mercado empresarial, los ingresos recurrentes procedentes de APIs y los acuerdos estratégicos con Amazon y Google la sitúan como la startup de IA más próxima al equilibrio operativo.

Frente a este panorama, las grandes tecnológicas presentan una realidad radicalmente distinta. Alphabet obtuvo aproximadamente 132.170 millones de dólares de beneficio neto en 2025, impulsada por la fortaleza de Search, YouTube y Google Cloud. Microsoft superó los 100.000 millones de beneficio gracias a la integración de IA en Azure y su asociación con OpenAI. Meta rondó los 70.000 millones, utilizando IA para optimizar publicidad y recomendación de contenidos. Amazon, con cerca de 60.000 millones de beneficio, capitalizó la creciente demanda de infraestructura a través de AWS, mientras que Oracle se benefició del auge de los centros de datos y contratos cloud vinculados a IA.

La conclusión principal es que existen actualmente dos economías diferenciadas dentro de la inteligencia artificial. Por un lado, los desarrolladores de modelos avanzados operan como negocios intensivos en capital, con elevadas barreras de entrada y fuertes necesidades de financiación. Por otro, las grandes tecnológicas monetizan la IA sobre bases de negocio ya rentables o mediante la venta de infraestructura. En consecuencia, mientras OpenAI, Anthropic o xAI asumen gran parte del coste de innovación, empresas como Microsoft, Amazon, Oracle y NVIDIA capturan una porción significativa del retorno económico generado por esa inversión.

El Parlamento europeo regula la IA y prohíbe crear imágenes sexuales sin consentimiento

El Parlamento Europeo ha aprobado la simplificación de las normas de la ley europea de Inteligencia Artificial , articulada a través del denominado paquete ómnibus digital. Esta reforma normativa introduce modificaciones críticas de seguridad, destacando la prohibición expresa en la UE de los sistemas de IA destinados a la generación de desnudez no consentida y de material de abuso sexual infantil. También aprobó el retraso de algunas de las obligaciones previstas en la normativa comunitaria hasta final de 2027.

En concreto, quedan prohibidos los sistemas de IA destinados exclusivamente a generar imágenes sexuales o íntimas sin el permiso de las personas implicadas, así como material de abuso sexual infantil creado mediante esta tecnología, según publicó Europa Press en un artículo recogido por Público. La reforma también obligará a las empresas que desarrollan modelos de inteligencia artificial de uso general a introducir “medidas de seguridad razonables” para impedir la difusión de este tipo de contenidos.

El Consejo de la UE y el Parlamento Europeo pactaron el pasado mayo los detalles de estos cambios, que incluyen también posponer hasta el 2 de diciembre de este año las obligaciones de transparencia para materiales generados artificialmente, como imágenes, vídeos o audios creados mediante IA, que deberán incorporar mecanismos que permitan a los usuarios identificar este tipo de contenidos.

También se aplaza hasta el 2 de diciembre de 2027 parte de las obligaciones previstas para sistemas de IA de alto riesgo, como los utilizados en ámbitos sensibles como sanidad, educación, banca, contratación de personal, control fronterizo o gestión de infraestructuras críticas. En el caso de los sistemas integrados en productos, como dispositivos médicos o maquinaria industrial, las nuevas exigencias comenzarán a aplicarse a partir del 2 de agosto de 2028.

Inicialmente, la legislación europea contemplaba la entrada en vigor de estas obligaciones en un plazo más corto, pero los colegisladores han acordado retrasarlas hasta 16 meses al considerar que todavía no están disponibles todos los estándares técnicos y herramientas necesarios para aplicar plenamente la normativa.

Asimismo, el pacto introduce cambios para evitar que determinados productos industriales tengan que cumplir requisitos duplicados cuando ya estén sujetos a otras normas europeas específicas.

OpenAI prepara la gran renovación de ChatGPT y abre oficina en Madrid

La start-up de inteligencia artificial OpenIA reestructurará su chatbot como parte de una estrategia para potenciar productos con mayor margen de beneficio de cara a una posible OPV. Prepara la mayor renovación de ChatGPT desde que su lanzamiento impulsó el boom de la IA. El grupo, valorado en 850.000 millones de dólares, busca nuevas fuentes de crecimiento de cara a su salida a Bolsa prevista para este año, según publicó Financial Times.

La compañía pretende transformar el chatbot en una “superaplicación” que combine herramientas de programación y agentes de IA, añadiendo productos que sus directivos creen que generarán mayores ingresos.

Estos cambios forman parte de una reorganización más amplia en OpenAI a medida que la empresa destina recursos a intentar captar clientes empresariales lucrativos y a competir con mayor intensidad con su rival Anthropic, según más de una docena de empleados y ex-empleados de la compañía.

OpenAI se enfrenta a una creciente presión para aumentar sus ingresos y alcanzar la rentabilidad. Los cambios, que darán mayor protagonismo y recursos al producto de código de OpenAI, Codex, reflejan la creciente convicción dentro de la compañía de que el futuro de la IA no reside en los chatbot que responden preguntas, sino en los agentes que realizan tareas para los usuarios. «Chat está muerto», dice un alto cargo de OpenAI.

“Lo que estamos creando es un asistente personal capaz de ayudarte en todos los aspectos de tu vida, ya sea en el ámbito personal o en el laboral”. Añade: “Te podrás conectar a él desde el móvil, el ordenador o la web. Cuando vayas en el coche, podrás hablar con él”, afirman en la compañía.

Por otro lado, la empresa creadora de ChatGPT ha anunciado sus planes para abrir su primera oficina en España, en la capital madrileña. La decisión responde al fuerte crecimiento del mercado español, donde el número de usuarios activos semanales de ChatGPT ha aumentado más de un 40% interanual, situando al país entre los cinco principales mercados europeos, y el uso de Codex, su agente de programación, se ha multiplicado por once desde principios de año, según publicó Expansión.

La expansión a España también es una apuesta geopolítica y regulatoria. Emmanuel Marill, director general de OpenAI para EMEA, destacó que “España combina una fuerte demanda por parte de los usuarios, empresas con visión de futuro, un ecosistema dinámico de desarrolladores y start-ups y una apuesta activa del Gobierno por la inteligencia artificial. La apertura de nuestra primera oficina en España nos permitirá respaldar mejor este impulso y estar más cerca de las empresas, instituciones y comunidades españolas para ayudarlas a aprovechar todo el potencial de la IA”.

El Gobierno aprueba una inversión de 719 millones para impulsar una gigafactoría de IA en España, con empresas privadas

El Consejo de Ministros ha autorizado una inversión de 719 millones de euros del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, a través de la SETT, en el consorcio público-privado que aspira a desarrollar una gigafactoría avanzada de inteligencia artificial.

Con esta operación, la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT) será accionista de la sociedad, que tiene previsto presentar la candidatura española a la convocatoria europea. Telefónica, ACS y Banco Santander, son los principales inversores privados del proyecto europeo de gigafactoría de inteligencia artificial (IA) en Móra la Nova (Tarragona) y en San Fernando de Henares (Madrid); sumarán un 47% del capital en el nuevo proyecto.

Las tres compañías contarán con un paquete accionarial a partes iguales del 15,67%, según lo establecido en los estatutos y el pacto de socios, según publicó Expansión. Si se añade a Multiverse Computing, el más pequeño de los socios, que poseerá un 4%, la parte privada alcanzará el 51% del capital y tendrá el control de la compañía.

Inicialmente se habló también de otros inversores, como Nvidia, MasOrange o Submer, que de momento no figuran en el accionariado.

Según ha valorado en un comunicado el ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, esta inversión es una apuesta del Gobierno de España por la soberanía tecnológica, la reindustrialización y el liderazgo en inteligencia artificial fiable y sostenible. López da por seguro que España será elegida como sede, ya que afirmó nuestro país “contará con una de las primeras gigafactorías de Europa”. López defendió que la candidatura española es “un buen proyecto”, respaldado por una “parte importante empresarial”.

Usar la inteligencia artificial puede generar más trabajo del que resuelve y perjudicar la productividad

La llamada revolución de la inteligencia artificial en el entorno laboral está generando una paradoja central: aunque las herramientas de IA prometen importantes ahorros de tiempo, estos no se están traduciendo de forma clara en mejoras equivalentes de productividad organizativa.

Un artículo de Financial Times, analiza el fenómeno del botsitting: trabajadores que ahorran tiempo gracias a ChatGPT, Copilot o Claude, pero terminan dedicando horas a supervisar, corregir y verificar los resultados de la IA. El artículo cuestiona la narrativa de la gran revolución de la productividad y plantea cómo está cambiando la cultura laboral y la percepción del trabajo de oficina.

Introduce dos conceptos que ilustran este fenómeno. Por un lado, el “botsitting”, que describe el trabajo humano necesario para supervisar, corregir y guiar los resultados generados por la IA. Por otro, el “botshitting”, un uso acrítico de contenidos generados por máquinas sin intervención humana. Ambos reflejan que la automatización no elimina el trabajo, sino que lo transforma.

Aunque muchas empresas tecnológicas destacan las ganancias de eficiencia, la definición misma de “productividad” se vuelve ambigua: ¿Se trata únicamente de ahorrar tiempo en tareas rutinarias o de una transformación más profunda en la forma de trabajar? La mayoría de las organizaciones aún no han cambiado su estructura interna: siguen operando como hace años, simplemente añadiendo IA encima de procesos existentes. Frente a ello, algunas empresas emergentes están adoptando modelos más flexibles, similares a una “banda de jazz”, donde los equipos se reorganizan dinámicamente según las necesidades, en contraste con las estructuras rígidas tradicionales tipo “banda de música”.

Los datos empíricos refuerzan esta tensión. Una encuesta a 6.000 trabajadores indica que la IA puede ahorrar unas 11 horas semanales, pero solo el 13% percibe mejoras reales en el rendimiento organizativo. La explicación de esta brecha se articula en tres factores.

Primero, gran parte del tiempo ahorrado se pierde en la “supervisión de bots”: revisar resultados, corregir errores y ajustar instrucciones, lo que consume en promedio 6,4 horas semanales. Segundo, existe un “impuesto de alternancia”, ya que los empleados deben manejar múltiples herramientas de IA simultáneamente y repetir consultas en distintos sistemas. Tercero, aparece el llamado “teatro laboral”, donde los trabajadores gestionan la percepción de su uso de IA más que el trabajo en sí, generando costes emocionales y de eficiencia.

La conclusión es que la productividad en la era de la IA no depende únicamente de automatizar tareas, sino de rediseñar profundamente las estructuras organizativas y la gestión de datos. Mientras esto no ocurra, el ahorro de tiempo seguirá siendo real, pero su traducción en valor económico será limitada y desigual, según el artículo.