La fabricación industrial entra en una fase decisiva. La automatización, la inteligencia artificial y la integración entre productos, servicios y ecosistemas redefinen cómo se crea valor y cómo se compite. La encuesta, Industrial manufacturing’s race to 2030, de PwC a directivos del sector de la fabricación industrial, revela que este sector, valorado en 16 billones de dólares, se encuentra en un punto de inflexión histórico. Se está abriendo paso un cambio decisivo en la forma de crear valor, en la manera de trabajar y en cómo las empresas líderes convierten la tecnología en una ventaja competitiva.
Los fabricantes prevén que los niveles de capacitación tecnológica y de automatización se dupliquen de aquí a 2030, a pesar de que persisten carencias en habilidades, infraestructuras de datos y otros ámbitos. Además, el sector avanza con rapidez hacia nuevas oportunidades de crecimiento a través de operaciones AI-native y de una integración más estrecha entre productos, servicios y ecosistemas. Sin embargo, no todas las compañías parten del mismo punto. La brecha entre las empresas ágiles, innovadoras y rápidas, y aquellas que siguen limitadas por sistemas fragmentados y carencias de capacidades en ámbitos como la calidad del dato, las competencias digitales y la inteligencia en la toma de decisiones continúa ampliándose. Esta distancia puede aumentar a medida que la tecnología, las capacidades y los modelos operativos refuercen sus ventajas de forma conjunta. La cuestión para los fabricantes no es solo a qué velocidad cambiará el sector, sino si serán capaces de hacerlo con la rapidez suficiente para competir.
La próxima revolución industrial ya está aquí
Según el informe de PwC, The future of energy and manufacturing, el 93% de los líderes industriales y energéticos en Estados Unidos considera que estamos al borde de la próxima revolución industrial. Nuestros últimos datos, basados en una encuesta a 443 directivos de fabricación industrial en todo el mundo, indican que esta revolución ya ha comenzado.
¿A qué se debe? Crecen del 26% al 68% los encuestados que afirman que las actividades de su empresa dependen en gran medida de tecnologías avanzadas, y que esta dependencia se duplicará de aquí a 2030. Hay dos áreas clave que liderarán este avance -producción y operaciones, y diseño y desarrollo de producto- el porcentaje de directivos que prevé un uso intensivo de tecnología avanzada alcanza el 76% y el 72%, respectivamente. Incluso en ámbitos donde el uso de tecnología es relativamente bajo, se espera una rápida convergencia. Los encuestados señalan, por ejemplo, que el uso intensivo de tecnologías avanzadas en las funciones de soporte empresarial casi se cuadruplicará de aquí a 2030.
Mientras tanto, la automatización de procesos clave del negocio -incluidos la captura y análisis de datos, la producción física y el soporte posventa- también experimentará un fuerte crecimiento. De aquí a 2030, se prevé que la proporción de fabricantes con procesos altamente automatizados casi se triplique. Al igual que ocurre con la habilitación tecnológica, el aumento de la automatización se extenderá a todas las áreas de la cadena de valor—desde el front office hasta el back office, y desde I+D hasta la planta de producción.
Aunque los objetivos de este auge inversor varían según la tecnología, se centran en el crecimiento y la productividad. La gestión de riesgos y la resiliencia ocupan un lugar significativamente inferior entre las prioridades. La automatización y la robótica se perciben principalmente como palancas de productividad, mientras que las tecnologías sostenibles se asocian en gran medida al crecimiento.
La IA supera por un estrecho margen a la automatización como la tecnología más importante para que los fabricantes alcancen sus objetivos estratégicos, aunque existe división sobre lo que esperan de ella. Proporciones casi iguales de encuestados consideran que la IA impulsará el crecimiento y mejorará la eficiencia. Este equilibrio puede tranquilizar a los inversores que, en el PwC’s Global Investor Survey 2025, esperan que la IA genere tanto crecimiento como productividad -aunque no únicamente a través de reducciones de plantilla.
En la carrera por impulsar la capacitación tecnológica y la automatización en amplias áreas de la fabricación industrial, no todas las empresas parten de la misma línea de salida. Las compañías más rápidas, ágiles e innovadoras identificadas en nuestra encuesta cuentan con una clara ventaja. Estas empresas ya utilizan tecnologías avanzadas con mayor intensidad que el resto tanto en el diseño de producto (46% frente a 34%) como en producción y operaciones (37% frente a 28%), y se prevé que estas diferencias aumenten en los próximos años. Además, las compañías future-fit registran niveles de automatización actuales mucho más elevados que otras organizaciones (con una media del 29% frente al 15%) y prevén alcanzar el 65% en 2030 (frente al 45% del resto de fabricantes).
Qué significa para los fabricantes
La habilitación tecnológica y la automatización crecerán en toda la cadena de valor. Sin embargo, las mayores diferencias en rendimiento surgirán de la capacidad de integrar estas tecnologías de forma coherente. Las empresas que desplieguen herramientas avanzadas de forma aislada -robótica en producción, analítica en la cadena de suministro, proyectos piloto de IA en ingeniería-, obtendrán beneficios limitados. De hecho, sin modelos de datos compartidos y flujos de trabajo coordinados, estas inversiones pueden acabar convertidas en islas tecnológicas. En ese escenario, las células robóticas no se conectan con los sistemas de planificación, la analítica no impacta en las decisiones comerciales y el conocimiento de ingeniería no llega a los equipos de servicio. El resultado es la incorporación de nuevas herramientas que no eliminan los cuellos de botella existentes, sino que los mantienen.
Por el contrario, los fabricantes líderes tratarán la IA y otras tecnologías avanzadas como un sistema, no como un conjunto de proyectos. Para ellos, la integración tiene dos dimensiones. En primer lugar, integran toda la cadena de valor, de modo que diseño, producción, cadena de suministro y otras funciones operan sobre datos compartidos y flujos de trabajo conectados, lo que reduce los ciclos y mejora la toma de decisiones. En segundo lugar, integran las tecnologías entre sí: IA, automatización, analítica y sistemas de ingeniería se apoyan en los mismos datos, siguen las mismas reglas de decisión y contribuyen conjuntamente a mantener una visión operativa única del negocio. En conjunto, sus sistemas multiplican el valor en lugar de fragmentarlo.
A medida que la adopción tecnológica y la automatización se generalicen, la ventaja competitiva dejará de depender de quién dispone de las herramientas para centrarse en quién sabe orquestarlas. La integración puede convertirse en el requisito clave para desbloquear la productividad a nivel de sistema, lograr operaciones AI-native y escalar la automatización más allá de mejoras puntuales de eficiencia. Las empresas que desarrollen—o adapten—sus modelos para garantizar la interoperabilidad entre funciones y tecnologías estarán en mejor posición para capturar beneficios acumulativos.





