La inteligencia artificial (IA) está cambiando la forma de trabajar de las empresas. Se dice que la IA no es el futuro de las empresas, sino que es el presente que define quién llegará al futuro. Por esta razón, desde PwC hemos lanzado ‘El Sensor de la IA‘, una recopilación quincenal de las principales tendencias, proyectos, iniciativas que tienen reflejo en los medios de comunicación, con el objetivo de ayudar a las empresas a orientarse en este campo tan abierto y cambiante. Partimos de la idea de que la inteligencia artificial no sustituye a las empresas, sino que las impulsa a reinventarse. Estamos ante la mayor transformación empresarial de nuestra era y pretendemos ayudar a conocer lo que está pasando para que se puedan tomar decisiones con criterio.
En esta edición de El Sensor de la IA contamos cómo la llegada de Donald Trump al poder en Estados Unidos ha supuesto el intento de controlar las grandes firmas de inteligencia artificial. En un artículo del The Economist, que se ha convertido en referente estos días, el prestigioso semanario británico explica que los últimos ataques de Washington contra algunas compañías, como Anthropic, han demostrado que es un socio poco fiable en la IA, sin olvidar su agresividad en sectores como la defensa o el libre comercio. Según el artículo, Estados Unidos tiene un enorme interés económico en liderar la inteligencia artificial y vender cara su tecnología al extranjero.
Washington se convierte en el guardián de los modelos más avanzados de la IA
El 12 de junio, la administración Trump ordenó a Anthropic bloquear el acceso a Fable y Mythos, los modelos de IA más avanzados de Anthropic, para personas no estadounidenses. De inmediato, todo el mundo comprendió que el Gobierno de EEUU puede decidir quién puede utilizar la tecnología más importante del planeta. Eso sí que es poder, lo publicó The Economist y recogió posteriormente La Vanguardia.
El artículo de portada de The Economist se ha convertido en una referencia sobre la posición del presidente Donald Trump en el control de la inteligencia artificial y sus riesgos para Europa y para otras áreas del mundo. Titulado ‘La IA ha otorgado a Estados Unidos un nuevo y vasto poder. Su gobierno es ahora el guardián de los modelos de vanguardia, y la mayoría de los ordenadores‘, la portada de la revista se ilustra con un águila norteamericana que tiene en el pico un ratón de un ordenador.
Es cierto que dos semanas después de las restricciones a Anthropic, el Gobierno de Estados Unidos levantó el control a la exportación sobre los modelos más avanzados de inteligencia artificial, Fable 5 y Mythos 5; hasta ese momento, la compañía había suspendido el acceso público a su modelo más avanzado por orden del Gobierno de EEUU.
La nueva situación que goza Anthropic no significa que puede trabajar con libertad. La prueba es que, en paralelo a la apertura de las restricciones, ha anunciado que reforzará su colaboración con el Gobierno de Estados Unidos en seguridad de la inteligencia artificial.
En un comunicado de Anthropic, según publicó Financial Times y recogió Expansión, asegura que permitirá a organismos públicos de Washington acceder de forma anticipada a sus modelos más avanzados para someterlos a pruebas independientes antes de su lanzamiento, y que compartirá con la Administración estadounidense información sobre vulnerabilidades y técnicas para reforzar las salvaguardas.
Algo similar está sucediendo con otro de los gigantes de la IA, Open AI. La administración Trump también le ha impuesto limitaciones en el despliegue de su nuevo modelo, GPT-5.6, que cuenta con capacidades avanzadas en ciberseguridad. Por exigencia del Gobierno, la compañía tecnológica de San Francisco ha tenido que restringir el acceso inicial a un grupo selecto de aproximadamente veinticuatro socios autorizados.
Según The Economist, lo importante de estos y otros hechos que están sucediendo desde la llegada de Trump al poder, es la constatación de que el acceso global a la mejor inteligencia artificial podría depender de una decisión tomada en el Despacho Oval. En marzo, el Gobierno ya demostró que está dispuesto a atacar a las empresas punteras de inteligencia artificial cuando calificó a Anthropic como un “riesgo para la cadena de suministro”. Ahora ha dejado claro que también está dispuesto a ir contra las empresas no estadounidenses (muchas de ellas europeas y españolas) que pretendían protegerse de potenciales ciberataques realizados con Mythos.
El prestigioso semanario londinense dice que “Estados Unidos debe decidir cómo usar este nuevo y vasto poder. El resto del mundo debe decidir cómo responder”. Admite que Washington se ha convertido en un socio poco fiable en la IA, después de resaltar su animadversión en sectores como la defensa o el libre comercio. Según el artículo de esta revista, Estados Unidos tiene un enorme interés económico en liderar la inteligencia artificial y vender su tecnología al extranjero.
El reto que tiene es cómo controlar pero sin cercenar el desarrollo de la IA; a Trump le interesa que siga progresando con rapidez, pero la quiere dominar. A medida que la tecnología estadounidense ha crecido en la última década, los pagos de Europa a Estados Unidos por productos de propiedad intelectual se han multiplicado por cinco.
Otro riesgo de esta política restrictiva de Estados Unidos es que el resto del mundo busque refugio, apoyo o alianzas en China, la segunda mayor potencia en IA, recuerda el semanario.
Un futuro así sería incómodo para los aliados de Estados Unidos, que están muy lejos de poder rivalizar con empresas como Anthropic. Ya son vulnerables en cuestiones como el comercio, las alianzas, el sistema del dólar y otros asuntos. La inteligencia artificial podría convertirse en la herramienta de presión más importante de todas. Es cierto que parte de esa dependencia es recíproca: Estados Unidos necesita las máquinas de litografía neerlandesas y las fábricas taiwanesas, concluye The Economist.
Los sistemas de Google en Venezuela detectaron el terremoto y avisaron a millones de usuarios
Millones de móviles Android en Venezuela recibieron a las 18:04 hora local del miércoles 24 de junio una alerta similar a esta: “Es posible que sientas temblores. Magnitud inicial estimada de 6.2 a aproximadamente 221 millas de distancia”. La recibieron unos instantes antes de sentir el primero de los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el norte del país. ¿Cómo pudieron recibir la alerta tan rápido los usuarios de esos dispositivos?
Es un sistema automático que se basa en los sensores de ubicación, inclinación y aceleración que llevan todos los móviles, a los que se va incorporando sistemas de inteligencia artificial para mejorarlos. Si estos detectan una vibración que se parece a una onda sísmica, envían de forma automática una señal, y cuando los servidores de Google reciben multitud de señales de posibles perturbaciones sísmicas, sus algoritmos son capaces de evaluar en cuestión de segundos si la evidencia es suficiente: entonces, envían la alerta de terremoto a millones de móviles cercanos, según publicó El País. Este método convierte la red global de móviles Android en un sistema de bolsillo de detección de terremotos para complementar los sistemas oficiales.
Los iPhone no tienen este sistema integrado de fábrica. Los usuarios de los móviles de Apple pueden descargarse una app creada también por el equipo de Allen, MyShake, que solo tiene la totalidad de sus funciones activas en la costa oeste de Estados Unidos.
En el caso de Android, la IA intervino para realizar un análisis de datos de millones de teléfonos: Los acelerómetros de los dispositivos pueden registrar vibraciones. Algoritmos de aprendizaje automático ayudan a distinguir entre movimientos normales del teléfono (caminar, dejarlo sobre una mesa, viajar en un coche) y las vibraciones características de un terremoto.
También la IA realiza un filtrado de falsos positivos, ya que mejora la precisión del sistema al identificar patrones sísmicos reales y descartar señales erróneas. Por último, ejecuta una estimación rápida del evento: una vez que suficientes dispositivos detectan el mismo patrón, los modelos calculan la ubicación aproximada, la magnitud y las zonas que podrían verse afectadas, para decidir si se emite una alerta.
El algoritmo de Google que siente la llegada de los terremotos no es infalible: ha enviado tres falsas alertas que, según los investigadores, se debieron a dos tormentas y al envío masivo de una notificación que hizo vibrar a multitud de teléfonos al mismo tiempo.
Mundiales de fútbol: La IA llevará a los telespectadores a una interactividad nunca vista
Cada vez más espectadores del Mundial 2026 no quieren ver solo un encuentro cuando encienden la pantalla. La innovación tecnológica hace posible, para los que tengan más habilidad y tecnología de última generación, seguir varios partidos de manera simultánea, participar en un chat en directo o incluso elegir el ángulo de visionado.
Según Sandeep Tiku, director de Tecnología de la plataforma de streaming deportivo DAZN, la tecnología está transformando el entretenimiento deportivo. Afirma que la inteligencia artificial acelera esta revolución. La meta es la hiperpersonalización para llegar a ofrecer a cada fan una experiencia única, según publicó Expansión. “La IA llevará el descubrimiento, la interactividad y la participación de los aficionados a niveles completamente nuevos”, vaticina este directivo.
Para ello, DAZN construye su estrategia en inteligencia artificial sobre un volumen de datos masivo de las preferencias de los usuarios, una plataforma tecnológica propia y un catálogo global de derechos premium.
Este Mundial 2026 se ha convertido en un escaparate de la innovación. Una de las grandes apuestas es el multiview, que permite seguir cuatro encuentros a la vez en una pantalla, lo que plantea el desafío tecnológico de mantener la calidad en cuatro señales simultáneas.
La cuestión de fondo es si sustituirá el streaming< a la televisión convencional en deportes. Tiku defiende la coexistencia y señala velocidades de adopción distintas en cada mercado. Mientras parte de la audiencia prefiere la experiencia lineal, hay espectadores que “buscan una mayor flexibilidad, personalización y control”. DAZN compite con Netflix y Amazon, que suben su apuestan por el streaming de competiciones deportivas.
La IA se lanza al descubrimiento de fármacos y surgen las primeras dudas éticas
El descubrimiento de fármacos se ha convertido en uno de los grandes campos de batalla de la inteligencia artificial. Tras demostrar su capacidad para generar texto, código o imágenes, los modelos más avanzados aspiran ahora a acelerar procesos científicos que tradicionalmente requieren años de investigación y miles de millones de inversión.
Desde el diseño de nuevas moléculas hasta la predicción de estructuras proteicas o la optimización de ensayos clínicos, la IA promete reducir drásticamente los tiempos de desarrollo de medicamentos. No es casualidad que las grandes farmacéuticas y los principales laboratorios de IA estén intensificando sus alianzas e inversiones: quien logre convertir estos avances en herramientas fiables no solo transformará la investigación biomédica, sino también uno de los mercados más valiosos y estratégicos de la economía del conocimiento.
Anthropic refuerza su apuesta por la investigación biomédica con Claude Science, una versión de su IA dirigida a científicos y compañías farmacéuticas. La plataforma está diseñada para tareas como el modelado de proteínas, el diseño de moléculas y el apoyo a la investigación preclínica, con el objetivo de acercar las capacidades más avanzadas de la IA al trabajo diario de los laboratorios, según publicó Financial Times.
Pero el lanzamiento también reabre el debate sobre la seguridad. La compañía advierte de que los futuros modelos con capacidades avanzadas en biología podrían utilizarse para desarrollar patógenos o armas biológicas. Por ello, su consejero delegado, Dario Amodei, propone limitar el acceso a estos sistemas mediante procesos de verificación similares a los que ya emplea la industria farmacéutica.
La iniciativa refleja una tendencia creciente: a medida que la IA amplía su impacto en la ciencia, también aumenta la necesidad de establecer mecanismos de gobernanza y control. La próxima gran carrera de la inteligencia artificial ya no se jugará solo en el software, sino también en la biología y la salud.
Los principales laboratorios de IA empiezan a contratar a gran cantidad de filósofos
La irrupción de la inteligencia artificial está reconfigurando el mercado laboral de una forma inesperada: en Estados Unidos, los licenciados en Filosofía tienen hoy más probabilidades de estar empleados que los graduados en Informática. Según datos de la Reserva Federal de Nueva York correspondientes a 2024, el desempleo entre informáticos alcanza el 7%, frente al 5,1% entre filósofos, según aseguró The Economist en un artículo recogido por La Vanguardia.
Lejos de ser una anomalía estadística, el fenómeno refleja una tendencia creciente: las empresas de IA compiten por captar perfiles humanísticos capaces de abordar problemas de razonamiento, ética y alineamiento.
El interés de la industria se centra especialmente en la tradición socrática. Investigadores como Jörg Noller sostienen que los modelos entrenados mediante técnicas inspiradas en el método de Sócrates —basado en preguntas secuenciales, detección de contradicciones y reconocimiento de la propia ignorancia— muestran menos tendencia a la complacencia y mayor disposición a buscar la verdad. Esta “ignorancia socrática” también ayuda a reducir el exceso de confianza de los modelos, uno de los defectos más persistentes de la IA contemporánea.
La filosofía se ha convertido además en una herramienta clave para mejorar las cadenas de pensamiento y disminuir las alucinaciones. Laboratorios como Google DeepMind atribuyen parte de los avances recientes en fiabilidad a este tipo de enfoques. Al mismo tiempo, las corrientes filosóficas influyen en la personalidad de los sistemas: un modelo entrenado con Locke tenderá a priorizar los derechos de propiedad, mientras que otros pueden ajustarse a diferentes marcos éticos según las necesidades de cada organización.
La cuestión es especialmente relevante en seguridad. Empresas como Anthropic construyen sus modelos sobre “constituciones” inspiradas en Kant, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros textos normativos. El debate de fondo ya no es si la filosofía debe participar en el desarrollo de la IA, sino qué filosofía debe hacerlo.





