Los luditas eran un movimiento de trabajadores textiles de Inglaterra a comienzos del siglo XIX que protestaban contra la mecanización de la industria. Se dedicaban a destruir las máquinas, por miedo a que les quitaran los puestos de trabajo. Aunque por el momento no parece que hayan surgido nuevos luditas que luchen con violencia contra la Inteligencia Artificial (IA), desde que se popularizó esta tecnología a finales de 2022 con el lanzamiento de ChatGPT, algunas voces avisan de que esta tecnología reconfigurará el mercado laboral tal y como lo conocemos.
Darío Amodei, CEO de Anthropic, una de las plataformas de Inteligencia Artificial generativa más punteras, apuntaba que se eliminarán hasta la mitad de los trabajos de oficina en cinco años. El CEO de Nvidia, Jensen Huang, considera que la IA y la robótica no van a quitarnos nuestro puesto de trabajo, sino que los que lo harán serán aquellos colegas que sean más expertos que nosotros en esta nueva tecnología disruptiva.
Para tratar de arrojar luz en este asunto, PwC ha publicado el barómetro mundial del impacto de la IA en el empleo en 2026 que, en su segunda edición, pone de manifiesto que esta tecnología está haciendo que los trabajadores sean significativamente más productivos y esté creando más valor para el empleo. Por el momento no se están destruyendo empleos, sino todo lo contrario: el número de vacantes está aumentando incluso en aquellas posiciones consideradas más fáciles de automatizar.
El documento, que ha analizado millones de anuncios de empleo y miles de informes financieros de empresas de todos los continentes, expone que el crecimiento de los ingresos por trabajador se ha multiplicado por tres en las industrias más expuestas a la IA. Asimismo, desde 2022 el crecimiento de la productividad en las industrias mejor posicionadas para adoptar la IA casi se ha cuadruplicado, mientras que ha disminuido ligeramente en las industrias menos expuestas a la IA.
De hecho, los trabajadores con habilidades de IA tienen una prima salarial del 56% (frente al 25% del año pasado), lo que indica que la IA está aumentando las oportunidades para tener éxito.
En este contexto, ¿Qué deben hacer los trabajadores? ¿Y qué pasos tienen que dar los líderes empresariales? ¿Cómo deben cambiar su mentalidad tanto los profesionales como los directivos para que la IA no sea un freno sino una oportunidad?
A nivel de los CEO, lo más interesante es que, más allá de usar esta tecnología en casos de uso concretos, lo que sin duda es un buen paso, se apueste por integrar la IA como una herramienta capaz de transformar la creación de valor de forma transversal en toda la empresa, poniéndola al servicio de la generación de nuevas fuentes de ingresos.
Por otro lado, los líderes de esta revolución en la que estamos inmersos serán aquellos que, en vez de usar la IA para reducir costes de personal y aligerar los gastos en general, sepan aprovecharla para ayudar a sus trabajadores a crear más valor.
Asimismo, ante la irrupción de los agentes de IA, que serán capaces en muy poco tiempo de actuar de forma autónoma, tomar decisiones e interactuar con el entorno, el futuro será de aquellos que sepan ponerlos a trabajar en equipo, interactuando con las personas encargadas de tomar decisiones.
A nivel de los profesionales, la clave es la de siempre: formación, formación y más formación. Por algo Nelson Mandela dijo que «la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo».
Hemos detectado que, a nivel global, los profesionales se están especializando de forma ágil mediante formación no reglada, mientras que en España se sigue priorizando la capacitación más tradicional, a través de la formación universitaria y las escuelas de negocio. Será necesario observar, a corto y medio plazo, cómo esta diferencia afecta a la competitividad.
Frente a la percepción generalizada de que la IA es cosa del futuro y que aún no ha tenido impacto significativo en la productividad, los datos extraídos por PwC demuestran que las industrias más capaces de utilizar la IA están logrando crecimientos de la productividad tres veces mayores.
Frente a quienes afirman que la IA puede tener un impacto negativo en los salarios y el poder de negociación de los trabajadores, los datos evidencian que los salarios crecen dos veces más rápido en las industrias más expuestas a la IA que en el resto.
Sin duda, estamos en los primeros días de esta revolución y nadie puede predecir el futuro con certeza. Sin embargo, nuestros datos sugieren que la IA puede hacer que los trabajadores sean más valiosos, no menos.
Por el momento, según la Encuesta Global de CEO que elabora PwC, el 70% espera que la IA transforme la forma de crear valor y el 82% afirma que la IA no ha causado ningún cambio de plantilla o, en todo caso, la ha aumentado.
Hace un año publicaba un artículo en el que afirmaba que el apocalipsis no vendrá de la mano de la IA. Pero creo que, en este momento, más allá de desmentir discursos catastrofistas, debemos pasar a la acción.
El informe Value in Motion que hemos elaborado recientemente en PwC revela que la IA tiene el potencial de impulsar el PIB mundial un 15% durante los próximos 15 años, aunque en escenarios caracterizados por menor confianza y cooperación este porcentaje se reduce hasta el 8% y el 1%. Esto implica que, en este proceso de reconfiguración de la economía, nuestra aportación será fundamental.
El papel que jugarán nuestras compañías y nuestros puestos de trabajo en las próximas décadas está en nuestras manos, no en las de las máquinas. El cerebro de la IA somos nosotros.
Artículo escrito para El Economista