La escasez de talento cualificado se ha convertido uno de los grandes retos estructurales para el crecimiento de la economía española. Es una de las causas que provoca que muchos puestos de trabajo no se cubran pese a que España mantiene tasas de desempleo superiores a la media europea; cada año quedan miles de vacantes en sectores estratégicos como los de tecnología, ingeniería, salud e industria avanzada. Esta paradoja evidencia una brecha creciente entre las competencias que demanda el tejido empresarial y la cualificación real de los profesionales disponibles, más acuciante ahora con la irrupción de la IA.

El monográfico de PwC se ha ocupado de este asunto preguntando a ejecutivos, asociaciones empresariales y expertos de centros de investigación y universidades. Se les ha cuestionado precisamente por esa invasión de la inteligencia artificial, y el resultado es que un 62% de los encuestados apuesta porque pueda generar nuevas oportunidades laborales, “pero si el sistema educativo y formativo se adapta con suficiente rapidez”. El 19% considera que la IA aumentará la brecha de talento, al requerir nuevas competencias que pocos profesionales poseen. Otros, el 9,30% cree que no tendrá impacto significativo por el momento en cuanto a la falta de talento en España.

El panel de economistas y expertos universitarios que colaboran en la preparación y análisis de este cuestionario apuntan que quizá todavía existe una falta de visibilidad sobre el impacto real de la IA, pero la mayoría creen que la formación académica jugará un papel importante.

En relación con esta cuestión, en la encuesta también se pregunta por la causa principal de la falta de talento cualificado en el mercado laboral español. La respuesta más elegida, por el 43%, es que existe “falta de conexión entre el sistema educativo y las necesidades reales del mercado”. Esta respuesta tiene una estrecha relación con la anterior y apunta a que quizá la clave esté en una mejora de la educación, que debe adaptarse con rapidez a los cambios sociales y tecnológicos, para que tanto en las universidades como los centros de formación profesional generen ciudadanos centrados en las habilidades que necesitan las empresas. El 21% matiza la respuesta anterior y considera que el problema está en la “insuficiente inversión en formación y la escasa preparación de los docentes ante los retos tecnológicos y ante la demanda de las empresas”. Otra vez sale a colación el factor de la formación.

En el cuestionario se aborda la inmigración, es decir, si una regularización extraordinaria de inmigrantes podría rejuvenecer la estructura laboral y mejorar la formación media. Y otra vez se vuelve a citar el papel clave de la formación. Casi la mitad de los encuestados indican que sí sería buena la regularización, “pero solo si se acompaña de políticas de integración, con formación profesional”. Para el 36% esta legalización no tendría impacto sin una reforma previa del sistema educativo y laboral, mientras que el 12% dice que no tendría efectos relevantes en la estructura laboral.

Pero la falta de talento se debe a más circunstancias: un 21% apunta a los salarios ya que considera que “las condiciones laborales son poco competitivas para atraer y retener talento”, mientras que el 8% indica que la culpable es la falta de desarrollo de la formación profesional. De estas respuestas se deduce que el problema educación preparación laboral es una cuestión pendiente, quizá en una situación más llamativa en lo referido al máster y los trabajos fin de grado que deberían reorientarse y especializarse más en las actuales necesidades laborales.

El debate se abre a la cuestión de por qué los salarios son bajos en España, es decir, si es así porque es una costumbre empresarial o porque la producción media de los empleados españoles no tiene un gran valor añadido. Sobre este tema se recuerda la deficiente puntuación media de los alumnos españoles en las pruebas internacionales de conocimientos PISA. Algunos expertos consultados creen que la formación no es de gran calidad y otros indican que los salarios más altos se pagan en países donde el nivel de vida es más elevado, aunque la carestía de la vivienda en España y la cesta de la compra están igualando precios medios.

Otra cuestión relevante es cómo puede afectar la falta de talento al crecimiento de la tan denostada escasa productividad española. Las respuestas se dividen en dos, casi al 50%. Unos dicen que esta falta de talento es el talón de Aquiles de la productividad y los otros que afecta mucho, pero hay más razones que la justifican, además de la falta de talento.

El siguiente capítulo es la temporalidad, una lacra que se ha reducido desde el 26% en 2019 al 15% actual, en línea con otros países europeos. En este caso la pregunta es directa: ¿es un factor que sigue dificultando la formación de los empleados y, por lo tanto, afecta a la productividad? Los encuestados aquí tienen pocas dudas: el 58% dice que sí, frente a un 17% que lo niega. En paralelo, el 19% estima que la alta temporalidad está influenciada por los empleados de las Administraciones Públicas, por lo que sin este factor no sería tan relevante.

Las opiniones del Consenso reflejan una división salomónica, del 50%, cuando se pregunta si el cambio frecuente de trabajo es un motivo que repercute negativamente en la falta de formación. La cuestión hace referencia al alto número de vacantes que no se cubren, pese al alto paro que existe en España, y la falta de motivación que se destaca en parte de los trabajadores, sobre todo los más jóvenes.

La mitad de los encuestados indican que estos cambios de empleo afectan a su formación, incluso añaden que este fenómeno se ha agudizado desde la pandemia. Para el resto, con diferentes razones, no es tan significativo: el 22% cree que la falta de talento se debe a la escasa movilidad interna de profesionales, el 15% que es una circunstancia menor sin repercusión y el 11% que no es un problema general, ya que se circunscribe solo a los jóvenes.

Vinculado con este tema, la siguiente cuestión aborda la rotación laboral que afecta a 3,4 millones de personas que cambian de situación contractual cada trimestre, según datos del Banco de España. Son cifras superiores a las de Francia, Alemania e Italia y para el 30% “afectan claramente a la continuidad y calidad de la formación”, según una mayoría de encuestados. Sin embargo, el 21% ve esta situación inevitable; como los cambios de empleo “se deben a los bajos salarios”, es decir, se mueven para mejorar el sueldo. Para el 18%, es algo que ocurre “solo en ciertos sectores o perfiles profesionales”.