El informe ‘Perspectivas de la industria del deporte en 2026’, elaborado por PwC, analiza las grandes tendencias que están redefiniendo el negocio del deporte: desde la creciente influencia del capital privado y la inteligencia artificial hasta la transformación de los derechos audiovisuales, las nuevas fórmulas de relación con los aficionados y la búsqueda de modelos operativos más eficientes. En conjunto, dibuja una industria inmersa en una profunda transformación, cada vez más digital, global y conectada.

Uno de los principales cambios se produce en la relación con la afición. Equipos como los San Francisco 49ers están desarrollando plataformas personalizadas, estadios conectados y ecosistemas basados en datos para mantener un vínculo permanente con sus seguidores. Al mismo tiempo, la venta de entradas evoluciona desde una transacción puntual hacia modelos de afiliación que combinan suscripciones, ventajas exclusivas y políticas de precios transparentes. El objetivo es ofrecer mayor flexibilidad, reforzar la confianza y construir una demanda sostenible a largo plazo.

La inteligencia artificial también empieza a cambiar el partido que se juega fuera del campo. Los equipos más avanzados incorporan agentes de IA para respaldar decisiones técnicas, personalizar la experiencia de los aficionados y avanzar hacia operaciones más autónomas. Paralelamente, los nuevos mecanismos de remuneración de los atletas, que incluyen acuerdos de participación accionarial e incentivos externos, cuestionan la eficacia de los límites salariales tradicionales y abren el debate sobre nuevas fórmulas de propiedad y reparto de ingresos.

La presión por mejorar la rentabilidad acelera, además, la transformación operativa. Los inversores institucionales y el capital privado buscan aumentar no solo los ingresos, sino también los márgenes, mientras crecen los costes de desplazamientos, talento y tecnología. La Formula 1 ilustra la magnitud del reto: la expansión de su calendario hasta 24 carreras hizo inviable un modelo en el que el material regresaba con frecuencia a las sedes y numerosos procesos dependían de sistemas heredados. En colaboración con PwC, la competición está redefiniendo sus operaciones para ganar agilidad y favorecer un crecimiento sostenible.

También está cambiando la economía de los medios deportivos. Durante los próximos tres años, las ligas podrían abandonar progresivamente los procesos tradicionales de licitación de derechos audiovisuales para avanzar hacia alianzas estratégicas basadas en participaciones accionariales con las plataformas de distribución. El acuerdo por el que la NFL adquirió una participación del 10% en ESPN a cambio del control de NFL Network, amplios derechos sobre RedZone y otros activos constituye una señal de esta evolución. Estos modelos pueden proporcionar ingresos recurrentes, un mayor conocimiento de los aficionados y nuevas oportunidades directas al consumidor.

En este escenario, el directo ya no basta. Documentales, resúmenes, archivos históricos y contenidos detrás de las cámaras ganan peso dentro de propuestas digitales más amplias. Los creadores y los propios atletas se consolidan también como plataformas de comunicación. Una persona dedica de media dos horas y media diarias al consumo de vídeos de formato corto, mientras iniciativas de la NBA, Amazon, Twitch o YouTube muestran cómo estos nuevos narradores se incorporan a la estrategia del sector. En el golf, la apuesta del PGA TOUR por las audiencias nativas de YouTube coincidió con un crecimiento interanual del 22% de sus métricas de audiencia en televisión tradicional en 2025.

La transformación alcanza igualmente al deporte juvenil, los grandes acontecimientos y las ciudades. El mercado estadounidense del deporte juvenil supera los 40.000 millones de dólares anuales y mantiene un crecimiento cercano al 10% cada año, pero continúa apoyándose en soluciones fragmentadas para pagos, calendarios, retransmisiones o entrenamiento, lo que abre oportunidades para el desarrollo de plataformas integradas.

A su vez, el Mundial de 2026, con 48 selecciones y organizado conjuntamente por Estados Unidos, Canadá y México, ha reflejado tanto el potencial económico y cultural de los grandes eventos como la necesidad de coordinar infraestructuras, administraciones, ligas y patrocinadores. Esta transformación llega incluso al propio concepto de estadio: los nuevos distritos de uso mixto incorporan viviendas, oficinas, hoteles, comercios y espacios públicos para generar actividad durante todo el año. PwC prevé que, durante la próxima década, al menos la mitad de los equipos de las principales ligas profesionales desarrollarán o liderarán algún proyecto de este tipo.

En definitiva, el deporte está ampliando considerablemente los límites de su propio negocio. La competición continúa siendo el núcleo alrededor del cual gira la industria, pero la creación de valor se extiende hacia la tecnología, los datos, los contenidos, las nuevas experiencias para los aficionados, la eficiencia operativa y el desarrollo urbano. Las tendencias recogidas en el estudio apuntan hacia un ecosistema en el que ligas, clubes, inversores, plataformas y ciudades buscan nuevas fórmulas para generar valor y mantener una relación más continua con unas audiencias cada vez más globales.