Gestión riesgos

Código rojo en las líneas aéreas

Contacto: Jesús Romero -

“En junio de 2015, un avión polaco con cientos de pasajeros estuvo detenido en el aeropuerto de Varsovia durante cinco horas. Las aerolíneas creen que se debió a un ataque en el que se sobrecargaron sus sistemas informáticos, al recibir de forma simultánea infinitas peticiones de información”.

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Crisis, ¿qué crisis?

Contacto: Ramón Abella -

De entre los muchos ciberataques que se han producido en la última década, al menos hay uno que se ha hecho famoso por su fracaso al intentar hundir una compañía. En la mañana del 16 de enero de 2012, millones de personas se despertaron con la peor pesadilla de cualquier comprador online: Zappos, la compañía de retail líder en ventas de zapatos y accesorios, había sido víctima de un ciberataque y del robo de información de casi 24 millones de cuentas de consumidores. Los medios de comunicación, las webs financieras y los blogs especializado en ciberseguridad  publicaron grandes titulares sobre la crisis de Zappos, que apenas tres años antes había sido adquirida por Amazon por 1.200 millones de dólares.

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La ciberseguridad después de WannaCry

Contacto: Jesús Romero -

El ataque de ransomware conocido como WannaCry golpeó por primera vez el viernes 12 de mayo de 2017. El lunes siguiente ya había alcanzado más de 200.000 ordenadores en 150 países. Y, aunque todavía no conocemos todos los detalles del impacto, está claro que algunas organizaciones se han visto mucho más afectadas que otras. Las noticias sobre este episodio refuerzan un punto de vista que PwC lleva mucho tiempo defendiendo: la protección efectiva contra los ciberataques no tiene tanto que ver con cuestiones tecnológicas concretas, sino con una gestión proactiva de los riesgos.

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Nuevas trincheras en la batalla de los riesgos

Contacto: Ramón Abella -

Desde que la crisis económica y financiera estalló en 2008, el control y la gestión de los riesgos se han convertido en una obsesión para la mayoría de las compañías. La presión de los reguladores y supervisores (especialmente en el área financiera) y el propio sentido común (que aconseja protegerse ante potenciales e incluso inverosímiles eventos peligrosos) han obligado a las compañías a desarrollar una estrategia defensiva sofisticada que se parece mucho a una guerra de trincheras.  La aparición de nuevos riesgos, como los ciberataques, o la amplificación de otros, como los regulatorios, no han hecho más que reforzar esa necesidad.

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